Número 3
18 bienes, pueden traducir ideas y creencias antimoder - nas. Trataremos de ilustrar una arista de estos den - sos y complejos procesos, situándonos en la percep - ción visual de un viaje en ferrocarril. Recordemos que la modernización en el curso de la segunda mitad del siglo XIX, fue configurando un nuevo modo de circulación de bienes y de pasajeros gracias a la navegación a vapor y a los ferrocarriles. Agregaremos que estos vehículos de nuevo tipo, po - sibilitaron inéditos procesos de circulación de ideas y redes políticas, como lo prueba la proyección del Partido Liberal Mexicano de los Flores Magón entre los años de 1906 y 1911 y poco después, la irradia - ción de la I.W.W y del propio movimiento zapatista. A la larga, ambos circuitos de comunicación fueron tejiendo puentes y articulaciones entre sí, anudan - do de muchas maneras los espacios nacionales e internacionales. A partir de entonces los flujos in - terculturales fueron constantes y crecientes como los procesos de recepción y cambio que suscitaron, acompañando con distinto ritmo a los más percepti - bles de la economía. El viaje y la modernidad El viaje , en el contexto modernizante decimonónico mexicano, entendido como práctica cultural y repre - sentación, cambió de referentes. Tuvo que ver con el acortamiento del tiempo y las distancias; también con un cambio de los itinerarios del transporte y su valoración. Así se fue afirmando la creencia de que el ferrocarril y el buque a vapor ofrecían a los usua - rios mayor seguridad y comodidad frente a las di - ligencias y los barcos de vela. La propia percepción del viajero resintió la experiencia de las imágenes
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