Número 3

24 Pablo González Casanova Universidad de México H ay algo nuevo en la historia. Por una parte, el ca - pitalismo, como modo de dominación y acumu - lación, ha entrado en una crisis terminal. Su capaci - dad de destruir ya no puede ser superada por la de construir, con ese “happy end” que Schumpeter veía en cada crisis económica. El capitalismo ya tampoco puede resolver los problemas de la justicia social y el desarrollo. Sus soluciones, por lo demás, excluyeron de sus beneficios a la inmensa mayoría de la huma - nidad. Hoy el neo-liberalismo aumenta aún más sus políticas de acumulación a costa de los trabajadores, los pueblos y las juventudes. Lo que es imposible en el capitalismo escapa al campo de lo incierto. Sólo quienes trabajan para el imperialismo colectivo de Ananías intentan coléricos descalificar la autodestrucción y la impotencia moral del capitalismo. Para ocultar o prolongar su agonía el capitalismo se engaña así mismo: usa sofisticadas políticas de desinformación, de mentiras científicas, de campañas publicitarias millonarias, aparatosas y subliminales, de juegos de guerra abierta y encubier - ta, de millones de muertos virtuales y reales, con da - ños buscados y otros esperados, “laterales”. Los embates del gran capital y su inmensa red de asociados y subordinados buscan –a confesión de parte—que pueblos y trabajadores pierdan su iden - tidad, que partidos y sindicatos de izquierda no cum - plan sus ofrecimientos y desilusionen a sus partida - rios, que frentes y movimientos sociales abandonen sus rebeldías y se transformen en ONG’s con políticas paternalistas, o de “acción cívica”, como el discurso contrainsurgente las llama. El gran capital, y los es - tados de los países más industrializados que lo apo - Industry vs. Nature. Ilustración de Eric Drooker La lucha por la tierra, por el territorio y por el planeta tierra

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