Número 3

25 X-Ray Crowd. Ilustración de Eric Drooker yan, impulsan las luchas contra el “terrorismo” que ellos mismos difundieron desde finales de los años cincuenta, y contra el “narcotráfico”, ambos útiles para dominar y vender armas, para “lavar dinero” y apropiarse de inmensas regiones estratégicas, ricas en recursos naturales y en mano de obra barata. De éstos crímenes, las fuentes oficiales y banca - rias dejan abundantes pruebas “clasificadas” y “des - clasificadas”, “encubiertas” y des-cubiertas por sus propios agentes, o por los expertos “hackers” que se meten hasta el cerebro del Pentágono sin que éste tenga la menor capacidad de identificarlos. El gran capital y el imperialismo se oponen abiertamente a ese supuesto “desarrollo” que iba a beneficiar a todo el mundo. Olvidan ese ilusorio “Progreso” que lleva - ría a la humanidad a un modo de vida cada vez me - jor. Ni decir nada de aquella orgullosa “Civilización Occidental”, superior a cualquier otra. Ellos mismos destruyen cuanto tenían por bueno. A más de incrementar el número de hambrien - tos, de enfermos curables, de sin empleo, de des - echables, de extremadamente pobres y esqueléti - cos, de empobrecidos y des-regulados, los señores del gran capital persiguen con saña, aprisionan, ex - pulsan, y eliminan entre fobias racistas y fanáticas, a quienes buscan escapar de los infiernos de la miseria y pretenden trabajar en las regiones metropolitanas del mundo. Los trabajadores inmigrantes, los “sin pa - peles”, son cosificados y deshumanizados con creen - cias racistas, darwinianas y con religiones de hom - bres blancos, padres de familias enternecedoras que se sienten amenazados por sus víctimas, y que hasta se ríen cuando las ven sufrir, o cuando juegan con sus cuerpos y humillan su dignidad. Al mismo tiempo, en los círculos más altos del poder y la cultura científica y tecnológica se busca impedir la guerra loca, la MAD, o “Mutual assured destruction” en que es segura la destrucción mutua de los combatientes. Con sus más sofisticadas inves - tigaciones no buscan lograr la paz sino hacer la gue - rra. Buscan una guerra en que queden a salvo de las respuestas atómicas que hoy los amenazan. El pro - blema es insoluble. Por más supercálculos y modelos que hacen no logran resolver ni diseñar el escenario de una guerra nuclear en que puedan ganar. A sa - biendas de eso, se entretienen haciendo “prácticas de guerra” con amenazas que intimiden al enemigo, y lo obliguen a incurrir en una implosión por exce - so de gastos militares, y por fallas crecientes en la promoción de bienes y de servicios a la población. Ellos mismos fomentan y aprovechan esas fallas para alentar las luchas internas y las desestabilizaciones. Hay otra novedad en la historia mundial. La lucha reciente y emergente de “los pobres de la tierra” es

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