Número 3

26 muy rica y alentadora. En ella aparecen recuerdos y experiencias de los intentos emancipadores que la precedieron. Surge una junta de humanismos con sus ideales y experiencias en los combates pasados y sus posibilidades creadoras enriquecidas para construir las bases de otra libertad, otra justicia, otra demo- cracia, y otro socialismo. Sin la menor exageración, la lucha emergente corresponde a la más profunda de las alternativas al capitalismo, y la más acogedora de los distintos caminos que la humanidad ha seguido y sigue para su emancipación. Sobre su expresión en América Latina querría decir unas palabras y decirlas en relación a las luchas por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra. En mi intento de comunicación no sólo procuro ser riguroso en el uso de mis fuentes e interpretaciones. También apelo a las contribuciones epistemológicas de la moral, y a los sentimientos que nos permiten descubrir verdades. Experiencias y decisiones con - ciernen el sentido de la vida propia. Aparecen en el sentido de la vida y de la lucha de los pobres de la tierra, que insisten en construir un mundo mejor. La vivencia de nuestras contribuciones episte- mológicas puede tener un origen pascaliano o jan - senista, pero sin la vivencia en las selvas o en las fábricas de los trabajadores pobres es imposible en - contrar verdades y voluntades que sólo se adquieren con la praxis de quienes luchan por la emancipación humana. Sin oponerse a las verdades de la academia hallan y viven otras verdades, como las que Paulo Freire llamara “palabras verdaderas”. Son verdades que al consolidar un “lenguaje consecuente”, co - múnmente expresado y entendido, se transforman en “palabras-actos” de los colectivos rebeldes y los empeños libertarios y justicieros. La “palabra verdadera” crea un poder creador que es necesa - rio vivir para entender. El enemigo o el conformista no lo entienden. Así quien dice o dijo “esta guerra económica es de todo el pueblo”, o “esta lucha la vamos a ganar en - tre todos”, quien se refiere o refi - rió al “todo” o a “todos”, y pensó desde entonces en cómo organi- zar realmente a “todos”, o a ese todo de que hablaba, creó en los actos de todos o de casi todos un poder que entraña esa otra “pa - labra verdadera”; esa otra moral práctica y creadora que logra “hacer posible” lo que sin ella era “imposible”. Nos referimos a un poder especial. La fuerza de las palabras es el poder ético-político que desde el principio mueve a las van - guardias genuinamente rebeldes. Con políticas con - secuentes e innovadoras permite hacer invencible a un pueblo cuando todo el pueblo organizado com - parte y comprende el camino de la ética y de los co - nocimientos, que en los inicios de la Revolución, sólo tenían unos adelantados… Las nuevas vanguardias quieren “aprender a aprender” lo que otros saben, y “enseñar a aprender” lo que sus integrantes saben. Quieren que todo pueblo sepa lo que en una socie - dad desigual sólo conocen las vanguardias, o sólo co -

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