Número 3
27 movimiento emancipador. En América Latina fraca - sará todo movimiento radical que desatienda la par - ticipación activa de los “habitantes originales”. Hasta hoy, los liberadores colonizados frecuentemente se olvidan de ellos, no sólo como indios sometidos, des - pojados y explotados sino como fuerzas emancipa - doras. Sobre cuatro políticas eficaces y una ineludible A unos meses del triunfo revolucionario, el 17 de mayo de 1959, Fidel Castro dio a conocer la Refor - ma Agraria. Ésta acabó con el latifundio y convirtió en beneficiarias a 350,000 familias de campesinos y trabajadores que gratuitamente tomaron posesión de tierras que antes cultivaban para los grandes la - tifundistas. La cólera de los expropiados fue visceral. Se expresó con renovadas amenazas y ataques de todo tipo. No sólo se enfureció la plutocracia criolla. Los propietarios norteamericanos eran dueños nada menos que del 55% de la propiedad agrícola. Terra - tenientes criollos y accionistas yanquis expropiados renovaron sus viejas alianzas. La lucha de clases se planteó de inmediato como lucha por la Indepen - dencia. El gobierno de Estados Unidos, --desde pre - sidente Eisenhower para abajo-- organizó una feroz ofensiva, que incluía la posibilidad de asesinar a Fidel Castro. (Entre paréntesis: todo lo que digo está do - cumentado) La necesidad de defender el territorio y de defender la vida de los dirigentes revolucionarios se hizo notoria. Las medidas que pueblo y gobierno tomaron prueban su eficacia hasta hoy. No me de - tengo. Nada más quiero resaltar que de la reforma agraria se pasó a la defensa del territorio. Y de la de - fensa del territorio nacional se hizo a cargo el pueblo organizado y distribuido a lo largo y lo ancho del país. El imperialismo combinó sus planes conspirativos y magnicidas con una campaña bien conocida. Lo que ocurría en Cuba era una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos. En defensa propia Esta - dos Unidos se disponía a atacar. La lucha por la reforma agraria y por el territo - rio nacional se complementó con la lucha por la “in - nocen quienes dominan a pueblos intelectualmente “entontecidos” por los que mandan. Si tras todos los conceptos insurgentes y actuales están Marx, Fidel Castro, los jóvenes rebeldes del 53 y el 68, o los de hoy, lo verdaderamente importante es que quienes luchan por la emancipación humana digan lo que piensan y hagan lo que dicen con razones practica - das. Entre éstas también se encuentra el “ofrecer ha - cer” y el “luchar para lograr”. Y también la decisión existencial de arriesgarse en todo lo que se puede. Como dicen los zapatistas: “Que cada quien haga lo que pueda”. “Perder el miedo” tiene a su vez profundos sig - nificados epistemológicos vinculados al poder emer - gente. “La fuerza no se cuenta por el número de combatientes que un ejército tiene, sino por el nú - mero de los que están dispuestos a ganar incluso a costa de su propia vida”, nos dijo alguna vez un co - mandante del Caribe. Las maquinaciones del enemi - go buscan “meternos miedo”. Se les enfrenta con se - renidad y “profundizando el proceso” emancipador. Las variadas políticas que el mundo emergen - te plantea son una inmensa y fascinante tarea de millones de seres humanos. Me limito a decir unas palabras sobre la emancipación territorial, sobre la construcción de “otro mundo posible”, y, sobre las nuevas luchas por la libertad, la justicia, la demo - cracia y el socialismo. De América Latina tomo polí - ticas que han confirmado su eficacia para organizar conciencias y voluntades emancipadoras con valor universal. Incluyo a Cuba, a los indios mayas zapatis - tas, y registro algunas aportaciones muy importan - tes de Bolivia y Venezuela. Al final me refiero a los habitantes de Indoamérica, sin cuya presencia activa ningún esfuerzo será cabalmente emancipador ni en esta región del mundo ni en otras que tengan nacio - nes sometidas y explotadas a las que sus sedicentes “conciudadanos” tratan como extranjeras y coloni - zadas en una opresión, explotación y exclusión que aclaran la lucha de clases y de “razas”. La ausencia de las “minorías étnicas” en la toma de decisiones nacionales sirve para explicar el fracaso de cualquier
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