Número 17
12 convergencia que manifiestan sectores empresariales, latifundistas y el gobierno en asumir la represión como vía de tratamiento del conflicto no es otra cosa que la actualización de la violencia histórica cuyo origen se encuentra en la imposición del Estado colonial chileno en nuestro territorio mapuche. No nos extrañan las similitudes de estos discursos actuales con aquellos que circularon durante la invasión militar de nuestro territorio en el siglo XIX y que sindicaban a los mapuche como “rémoras del progreso”, “hor - das de barbaros” y “raza inferior”. Aunque evidentemente en nuestros días este discurso se ha adaptado a los actuales tiempos del multicul - turalismo neoliberal promoviendo imágenes de mapuche buenos y ma - puche malos, de acuerdo a criterios convenientes a tales concepciones. La intensidad del racismo manifestada en estos días nos lleva a preocu - parnos sobremanera por la seguridad de cualquier peñi o lamgen ma- puche que circule en este país. En particular, nos preocupa la seguridad de aquellas comunidades en procesos de recuperación y defensa terri - torial, de las mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas que pueden ser agredidos por fuerzas policiales o paramilitares. No quisiéramos que esta coyuntura sea la justificación para el Estado chileno de sumar nue - vas víctimas a los asesinatos contra mapuche, registrados en este largo
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