Número 17

21 veinte del siglo pasado, marcó un hito en la historia de la literatura y de la intelectualidad argentina, por el debate sostenido con el grupo Florida, cuya figu - ra emblemática es más todos conocida, Jorge Luis Borges, ese mismo escritor de apellido impronuncia - ble para nuestro presidente saliente. Y entre unos y otros, otro colectivo intelectual fue bautizado como Floriboedo, para recordarnos que las mediaciones y las redes intelectuales clasemedieras no siempre gustan de la polaridad y la exclusión. Los intelectuales de Boedo se adscribían por su pertenencia social a los medios obreros y artesa- nales y postulaban un arte y literatura comprome- tidos. Nuestro personaje, Elías Castelnuovo, venía de una tradición anarquista que se iba aproximan - do al comunismo. Tanto que el término comunismo que circulaba en los frasearios de los anarquistas, socialistas y cominternistas, terminó siendo enaje - nado a favor de los últimos, misma máscara identi - taria. Los anarquistas frente a los cominternistas o seguidores de Lenin, perdieron la batalla de la ima - gen y la palabra emblemática. El comunismo como término polisémico, perdió su carga libertaria y an - tiestatista. Si la memoria en la cultura de la izquier - da es todo lo anterior, dista de tener el monopolio de la evocación, pues otros relatos literarios pue - den asumir dicha función. Así veremos como en el escritor Elías Castelnuovo se da una yuxtaposición de relatos y evocaciones. Igualmente veremos la gravitación que cumple lo grotesco, oscilando en - tre la risa y el horror dentro de la poética realista- naturalista. Todavía no habían llegado a la cultura de política de la izquierda los vientos del realismo socialista, acaso para refrendar aquello que algu - nos críticos literarios denominan la discronía de nuestras recepciones literarias. Más allá de la diferencia entre los dos géneros, prevalece la articulación de lo grotesco y lo mórbido como un campo cultural propio de los bajos fondos, caro al lumpen proletariado urbano. A las izquierdas la apropiación de lo grotesco les permitió construir sus imágenes fuertes sobre la burguesía, los terrate - nientes, los militares, el imperialismo. Estas imáge - nes de la alteridad que había que combatir, oscilaron entre lo repulsivo y lo risible, la fealdad y la maldad. Cultura política: saberes y símbolos Destaca en ese proceso social la afirmación de nue - vos actores políticos agrupados en movimientos como el Irigoyenismo, que aglutinaba a las emer - gentes clases medias citadinas, así como la conflic - tiva diferencialidad de las izquierdas (anarquistas, socialistas, comunistas). Fue también significativa la radicalización de la juventud universitaria. Las ban - deras de la reforma universitaria izadas en Córdoba en 1918 se propagaron a todo el país alcanzando a trascender sus fronteras nacionales. Un puente de colaboración y solidaridad aproximó a las federacio - nes estudiantiles y sindicatos obreros. Así las cosas, los intelectuales emergidos de la pequeña burguesía y del proletariado bonaerense ensancharon y pola- rizaron el campo cultural otrora reservado para las élites oligárquicas. Hubo un nuevo clima de articula - ción intelectual y artística de lo local y lo universal, el cual modeló una nueva sensibilidad que enlazó las experiencias de vida a la literatura. El compromiso del escritor de nuevo tipo esta - ba en la agenda de la época, configurando diversas posiciones ideológicas y estéticas. Los nuevos escri - tores tuvieron en las revistas culturales y periódicos, nuevos espacios de expresión. Las izquierdas lanza - ron sus revistas: Los Pensadores, Claridad, Extrema Izquierda . Contaban también algunos periódicos de circulación y alcance variable en los sectores popu - lares: La Protesta editada por los anarquistas, Van- guardia por los socialistas y La Internacional por par- te de los comunistas. Al respecto tiene razón Beatriz Sarlo cuando sostiene que: “Para los intelectuales de origen popular e in- migratorio, cuyas diferencias con los escritores de familias criollas largamente afincadas no pasaban sólo por el debate estético, la revolución era al mis - mo tiempo un fundamento de su práctica y el futu - ro donde se repararían injusticias que se vivían en el presente...(Ellos) encontraron al margen de la cultura

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