Número 17
24 su condición de desamparo social, su marginalidad originaria, su anclaje en la sordidez de la penumbra y el anonimato, Detrás de un árbol es la figura que sim - boliza la transgresión y el ocultamiento. La otra cons - trucción, guarda proximidad de sentido. Larvas es un título provocador, en su sentido más general alude a una forma de transición entre el estado embrionario y el adulto de un insecto. Para Castelnuovo las lar - vas significan a los niños del reformatorio. Hay otro sentido próximo que articula lo larvado, a los falsos síntomas de una enfermedad, y que era propio del lengua- je medicalizado de la época. Castelnuovo inicia el primer relato de Larvas , con una autopresentación: “ Yo sabía muchas cosas ya. La vida me había enseñado bastante. A menudo rodando y sufriendo se aprende más que estando sentado en el banco de un co- legio. No sabía sin embargo, lo que era un reformatorio de menores ” (Castelnuovo, 1959: 13). El narrador resca - tó un tercer modo de signi- ficar el lugar, el “deformato - rio” como “le llamaban los asilados” según lo consignó en sus Memorias . Interpelar la respuesta burguesa de la educación panóptica y repre - siva para atender a los hijos de la escoria social en la voz de los protagonistas, es realmente subversiva. Signar como “deformatorio” desde el habla marginal dice radicalmente mucho. Los tres sentidos convergían en presentar un espacio represivo que concentraba el universo envilecido de lo grotesco y lo mórbido de la marginalidad social. Castelnuovo tuvo una experiencia de casi un año en el Reformatorio, la cual potenció sus deseos de evocar y narrar, los cuales se articularon con las ideas que circulaban el imaginario social de su medio. Elías confiesa que llegó a dicho centro por mediación del escritor anarco-comunista Julio R. Barcos. La inten - ción de su amigo era sacarlo de un espacio sanita- rio igualmente marginal, donde se concentraban los enfermos de todo tipo, leprosos incluidos y que ya lo asfixiaba. Lo que no sabía nuestro protagonista es que el Reformatorio no era mejor que su devaluado centro de salud (Castelnuovo, 1974: 96). La analogía del Reforma - torio con la cárcel aparece ex - plícita tanto en sus memorias como en Larvas . Respecto al Reformatorio, dice y valora desde su experiencia previa: “Habituado a saltar zanjas a pie firme y a cruzar arroyos en canoa, a palear río arriba y a remar río arriba, siempre con entera libertad, me sentía allí como un pájaro a quien le hu- biesen cortado las alas.” (Cas - telnuovo, 1974: 96). La libertad es el centro de la valoración del escritor, el anclaje de la tradición anar - quista se redondea cuando rememora su impugnación antes las autoridades de este experimento opresivo, la in - viabilidad de este “deforma - torio”. Y agregó para disipar toda duda: “ Lo que hay que reformar no es los chicos que ya vienen deformados por los grandes. Hay que reformar la sociedad.” El cie - rre de su diálogo con el Director General fue evocado así: ¿Usted es anarquista? Yo me eché a reír . (Caste - lnuovo, 1974: 106). La risa devuelve a la autoridad inquisitorial el prejuicio que encapsula su pregunta. Lo primero que resiente Castelnuovo es que el Reformatorio estaba fuera de la ciudad. Ese marca -
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