Número 17

43 dio muy poderoso, capaz de mover las conciencias, a la vez que legitima su movimiento. Años después de la huelga de estibadores del Callao la huelga de obreros textiles de la fábrica del pueblo de Vitarte, situado a unos diez kilómetros de Lima, los cuales, de manera similar a los del Callao, se organizaron para solicitar aumento salarial, reducción de jornada de trabajo, reducción en el costo de las subsistencias, entre otros. De este movimiento, La Protesta dio puntual atención, a esta que terminó siendo la pri- mera de carácter general (Baptista, 2006: 79), cuyo mayor logro fue la eliminación de trabajo nocturno: Hoy ha sido el paro, mañana será el daño di - recto de la obra manufacturada. Hoy ha sido una manifestación tranquila de fuerza y de unión, porque recién ha despertado la con - ciencia del proletario; otro día puede ser una explosión agresiva de ira y de revancha. 4 4  Tassara, G., “La huelga de Vitarte y el paro general”, La Estas dos primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por el carácter violento de la re - presión, toda vez que esta no distinguía edad o sexo, y el maltrato o incluso la muerte de los manifestantes eran comunes. La irracionalidad del represor se ve contrastada con la racionali - dad de su contraparte, aquellos que luchaban por reivindicar sus derechos. Las víctimas de la represión pasaban a formar parte del “panteón” de mártires, que ofrendaban su vida en aras de la libertad. La represión, como método privilegiado por la autoridad para poner fin a las huelgas y en general, todos medios de protesta fue puesta en evidencia, poniendo de manifiesto en muchas ocasiones, el ataque de las fuerzas del orden con - tra muchedumbres desarmadas y sus ataques in- discriminados a mujeres, niños y ancianos. Protesta (Lima), año 1, núm. 2, abril de 1911, p. 1. Biblioteca Nacional del Perú

RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=