Número 19
14 en crisis generalizada de producción—destrucción y consumo, y de sentido humano y moral. En los nuevos movimientos antisistémicos las nue - vas luchas por la vida, ocupan un primer plano, y en ellas no sólo tienen que luchar contra la enajenación mental y moral, sino por el conocimiento y el coraje, contra el desconocimiento y por el esclarecimiento, contra la mentira y el ocultamiento de los problemas, por las verdaderas causas y medidas se toman y por la emancipación y la lucha moral e intelectual, política y social, desarmada y armada por la vida. La lucha científica en torno al cambio climático expresa las limitaciones y ataques de que es objeto el conocimiento científico de los especialistas de la “co - rriente principal” (o “main current”) cuando se acer - can a la crítica del sistema de dominación y acumula - ción, no se diga ya cuando van al fondo del problema y des-cubren que el post-capitalismo, o un nuevo socialismo, con sistemas de base crecientemente de- mocráticos, son la única su solución. Y allí aparece el poder potencial de las fuerzas alternativas y anticapi - talistas, que mientras que a éstas les conviene y ne - cesitan luchar y practicar el conocimiento y la moral colectiva aquéllas se limitan a los conocimientos que les permiten maximizar utilidades y minimizar ries - gos. Sus acciones concertadas son más del orden de fuerzas coludidas, o limitadas a “las familias” de los negocios y de los crímenes organizados. Aquí es necesario recordar de nuevo que la gue - rra sucia empezó contra un grupo pionero de cientí - ficos de la Universidad de East Anglia. El haber des - cubierto la responsabilidad humana en el cambio climático hizo que se viera envuelto en un escándalo del orden criminal. El director del centro y sus cola - boradores fueron acusados de haber manipulado los datos para probar su “falsa” tesis y de haber borrado los datos que dis-confirmaban la tesis sobre el carác - ter “antropogénico” del cambio climático. El escándalo no solo llegó a la gran prensa, inicia - do por un famoso diario inglés – The Guardian –, sino al mundo entero, y no sólo fue objeto de investiga - ción en los círculos académicos más avanzados sino en varias comisiones de científicos, una designada por el Parlamento Inglés. A fin de cuentas el propio Parlamento Inglés y “toda la comunidad científica del mundo” --y ésta, sigue sosteniendo-- que el cambio climático sí es “antropogénico”. Pero, mientras tanto, el director de la investigación pionera renunció a su cargo, y el escándalo produjo un inmenso despresti - gio de los científicos que fueron acusados de “catas - trofistas”, y hasta de delincuentes. Del falso ataque y la descalificación de las tesis “algo queda” hasta hoy, grato a los grandes intereses dominantes, y apoyado por sus publicistas, y por quienes no quieren meterse en problemas, ni pensar en los del mundo. Por lo demás, la guerra de la ciencia no se detu - vo. Unos años más tarde, los coléricos panegiristas del “establishment”, azuzados por sus amos, tuvie - ron que enfrentar a los 2000 científicos del Congre - so Intergubernamental reunido en París, porque ha - bían osado confirmar que el cambio climático y los daños que hoy entraña son “antropogénicos”. Por supuesto la afirmación de los científicos no excluía la existencia de otros factores, que sin la acción huma - na se producen en la historia de la Tierra. Tampoco sostenía que el capital corporativo fuera el principal responsable del peligroso cambio climático. Sólo confirmaba una investigación rigurosamente científi - ca que por todos los medios había sido descalificada, y que nuevamente llevó “a toda la comunidad cien - tífica a ser calificada de catastrofista”. Desde entonces hasta hoy –en lo individual y por grupos-- los especialistas sostuvieron y sostienen la tesis del origen humano del fenómeno. Es más, en el momento de la ofensiva contra los 2000 reunidos en París, revistas como Nature y como Scientific Ame - rican defendieron a los agredidos. En sus tesis. Na- ture dedicó un número entero para defenderlos ex - presamente; al efecto invitó a especialistas del más alto nivel. Por su parte Scientific American “, no entró abiertamente a la polémica, sino cubrió todo un nú - mero con artículos de prestigiados especialistas que trataron los mismos temas del “Panel”, con las mis - mas tesis, y con las mismas y otras pruebas.
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