Número 19
16 Hay un libro que en inglés se titula Forbiden knowledge, lo que en castellano quiere decir “El conocimiento prohibido”, que en nosotros evoca al Santo Tribunal de la Inquisición, cuyos métodos hoy se aplican con nuevas y falsas descalificaciones a los conocimientos y a los autores… Los nuevos tiranos del conocimiento científico no excomulgan a sus víc - timas por “traidores a Dios y al Rey”. Desde el inicio de la Guerra Fría, hasta las más recientes embesti - das, los inculpan en nombre de la seguridad nacional, de la democracia y hasta de la libertad. A esas acusa- ciones añaden otras no menos agresivas por las que se les tacha de ignorantes y faltos de conocimientos en la materia, o de mentir enfermizamente, o se les envuelve en pequeños escándalos parecidos al “Cli - magate” que se desató en la Universidad de East An - glia… Con menos bombos y platillos la persecución a la investigación científica y humanística continúa hasta el día de hoy e incluso se intensifica. La política privatizadora y globalizadora mues - tra que los grandes patrones están empeñados en reducir la investigación, la educación y la informa - ción al conocimiento que aumente la eficiencia y la competitividad para la dominación y acumulación de capital, y nada más. De hecho han pasado y están pasando de las meras críticas y acusaciones científi - cas, jurídicas y criminales a la disminución de cono- cimientos y conocedores que se opongan a su insa - ciable voluntad de maximizar su poder, sus utilidades y riquezas. En la educación media y el bachillerato sus funcionarios y académicos neoliberales eliminan la filosofía, niegan carácter científico a la historia, expurgan períodos enteros de la historia universal y nacional; transforman en “caballeros” y “schollars” a los nuevos piratas y “gangsters”, y al mismo tiem - po borran toda posibilidad del discurrir humanista, científico y crítico, imponiendo normas de lo “polí - ticamente correcto” y llegando a prohibir más que nunca el uso de palabras como “capitalismo”. Para aumentar su dominio e imperio privatizan y dominan en sus consejos a las universidades, cie - rran escuelas normales y primarias para campesinos y trabajadores, achican o anulan recursos para la in- vestigación científica que todavía no han privatizado, y fomentan supuestas “reformas” que ponen bajo control psicológico y cultural a investigadores, pro - fesores y alumnos. Por lo que se refiere a las ciencias que estimulan y apoyan: en el conjunto de las ciencias sociales es reina la economía al estilo Hayeck, y en ésta la eco - nometría. Ambas metódicamente limitan el campo de conocimiento a la economía de mercado, exclusi - va para las empresas que dominan el mercado, sus asociados y subordinados. La problemática se reduce a los obstáculos que frenan a las empresas y a las políticas para superarlos. Al mismo tiempo excluyen las llamadas “externalidades”, es decir, al mundo de los seres que están “out of the market” relegados a la lógica de la caridad y de los donativos humanita - rios. Si Hayeck es su dios, entre sus demonios llegan a incluir a Keynes y a Schumpeter, y cuando no ol - vidan a Marx, lo recuerdan desdeñosa y distorsio - nadamente. En el campo político, con sus “lobbies”, arremeten hasta contra las libertades académicas (“academic freedom”) haciendo de la educación, la investigación y el conocimiento patentado el nuevo monopolio de su dominio y poder. La gravedad de los problemas para los que el capitalismo corporativo no puede ni quiere encon - trar solución aumenta de manera peligrosa, a la vez psiquiátrica y lógica –de una lógica social enfermi - za, morbosa. La negación de fenómenos y causas corresponde a los fenómenos que el psicoanálisis considera característicos del psicópata. Se trata de problemas que permiten identificar a sus pacientes también como sociópatas. Su comportamiento en - fermizo no sólo parece corresponder a la maldición del Rey Midas. También corresponde a una conducta completamente lógica en el sistema en que actúan. Para el marxismo es la lógica de los propietarios de las empresas y los gerentes expresa la ley histórica de la empresa capitalista: la maximización de utili - dades y riquezas. Esa lógica opera de acuerdo con el comportamiento del accionista principal de la mega-
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