Número 19

19 bio histórico y civilizatorio, lo que en términos más precisos implica un cambio radical en el modo de do- minación y acumulación, y también en las alternati - vas que se dan para la transición al mismo, y para la reestructuración de las relaciones de la ciudad y el campo, de las clases y estratos de clase, de los pue- blos y comunidades discriminados y despojados, de las naciones y los complejos de poder, acumulación, enajenación, política y guerra. Ese cambio que ocu - rre en todo el mundo con sus legados y novedades varía también en las distintas regiones del mundo, y con los cambios históricos y geográficos de las ca - tegorías sociales genera nuevas formaciones de in - sumisos y rebeldes, en su inmensa mayoría jóvenes, que luchan por la vida, surjan del 99% o del 1% que “quieren echar su suerte con los pobres de la tierra.” La necesidad indiscutible del gran cambio civili - zatorio y del fin del capitalismo, explica el por qué del “Climategate” y de los insultos, con siembra de “pruebas” y criminalización de los científicos que se atrevieron a decir que el calentamiento global es an - tropógeno y que nada más por eso y sin que men - cionaran el “modo de dominación y acumulación del capitalismo corporativo” dijeron una verdad que hi - rió la sensibilidad de “los psicópatas que gobiernan el mundo”, y que más que por locura personal o colec - tiva operan así como señores y dueños de la tierra, siervos de su lógica mercantil y usurera, depredado - ra y colonizadora. Con el des-cubrimiento de los científicos, las cor - poraciones se sintieron directamente amenazadas y desataron un ataque criminal de efectos “boome - rang” como todos los que impulsa la “sociedad del desconocimiento”, que si en lo inmediato pesa más sobre los pobres y los países pobres, y sobre los jó- venes pobres y ricos tiene todas las probabilidades de incluir a hombres y mujeres maduros y a viejas y viejos ricos de países ricos con “bunckers” protecto - res para ricos, como los que algunos de ellos ya están construyendo, vendiendo y comprando, en sus locos afanes de salvar la vida y sus negocios. La guerra de las ciencias por ganar la paz requiere su lucha contra la propaganda que los humilla y des - prestigia, tratando de acallarlos, y que los acusa de catastrofistas, buscando intimidarlos y desprestigiar - los… A las luchas anteriores y actuales que los cientí - ficos han dado y están dando será necesario añadir el concurso de todas las organizaciones de ciencias del mundo para que no sólo aludan a la verdad de los peligros y se enfrasquen en falsas soluciones dentro del actual modo de dominación y acumulación, sino vayan a sus causas y soluciones reales. Si debemos luchar en todos los medios por “otro mundo posible”, tenemos que luchar también por pre - cisar el qué hacer y el cómo lograrlo a principios del siglo XXI. Desconocer este peligro implica ignorar que a más de las cinco posibilidades de ecocidio señala - das, se añade la combinación de varias de ellas que es absolutamente incontrolable de seguir el camino que estamos siguiendo en relación a ellas yen relación es- pecial con una de ellas que es la nano-tecnología. En este momento se están realizando grandes proyectos de investigación, sobre la nanotecnología, con subsidios que sólo en el Mundo Occidental al - canzan entre 650 y 800 millones de dólares, y que aplicados al campo militar y combinados con la inge- niería genética, con la inteligencia artificial, con los aparatos capaces de corregir desvíos, corresponde al mayor potencial y al máximo riesgo de destruc - ción, sobre todo cuando se piensa además que las crecientes redes de computadoras están generando una micro-robótica con armas biológicas que son la base de un mundo imposible de controlar mediante supuestas prohibiciones de armas biológicas, o de micro-satélites, o de sistemas artificiales móviles, o de “robots biológicos asesinos”, o de operaciones militares y criminales con combinaciones de armas a la vez nano y micro, o micronanos. En un período no menor ni mayor de 6 a 15 años este peligro será incontrolable por tratados diplomáticos, acuerdos, leyes, sistemas de detección, policías o servicios de seguridad pública o privada que dispongan de los más avanzados descubrimientos para la detección de armas criminales. Y si eso ocurre en el terreno

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