Número 19
34 autores como Mejía y colaboradores (1999) destacan la necesidad imprescindible de considerar tres facto - res complementarios entre sí: a) la biodisponibilidad, relativa a la caracteriza - ción de la biodisponibilidad de metales, b) el conocimiento toxicológico, relativo al estu - dio de la toxicidad de los residuos, y c) el monitoreo ambiental, relativo a la contami - nación de los medios del ambiente. En la MIA presentada, los primeros dos factores se pasan completamente por alto, mientras que el tercero se presenta por consiguiente desvinculado de los dos primeros. Se ha demostrado claramente que la toxicidad real de un material minero no puede establecerse a través de la caracterización química, pues las interac - ciones de mezclas complejas constituyen una de las limitantes más serias en su conocimiento, en la toxi - cología moderna (Mejía y cols., 1999). Este hecho no es tomado en cuenta en la MIA. A lo anterior se suma la nula recurrencia a la se- lección de biomarcadores de exposición que deben estudiarse en las comunidades expuestas, impidien - do además definir las rutas de exposición que deben atenderse en cualquier iniciativa minera. El análisis de riesgo de una zona minera debe realizarse me- diante métodos que incluyen el monitoreo, la biodis - ponibilidad y la toxicidad (Mejía y cols., 1999). La MIA prescinde de este principio integral por completo, lo que impide definir el riesgo para la salud y por tan - to la toma de decisiones en el momento de diseñar programas de intervención, en particular si tenemos en cuenta que a menudo los niños son el grupo po - blacional de mayor riesgo. Ahora bien, para la legislación mexicana, la toxi - cidad es un factor que se considera proporcional a la cantidad de metal extraído por una solución de ácido acético, a través de las normas NOM-CRP-001 ECOL/93 y NOM-CRP-002 ECOL/93. Así, cuanto más es el metal extraído por la solución acética, más tóxico es considerado el material. Este parámetro es muy limi - tado, porque lo que menos toma en cuenta es la po - sibilidad de la interacción toxicológica entre los meta - les. Las alternativas planteadas al respecto incluyen la evaluación toxicológica utilizando un modelo animal, lo que permite establecer con precisión la toxicidad total, que es dada por los metales presentes en el ma - terial que se analiza (Mejía y cols. 1999). Este principio es totalmente pasado por alto en la MIA. A su vez, la MIA no aporta elementos objetivos que permitan descartar la contaminación por otros metales y sustancias, como el sílice, el arsénico, el bis - muto o el cobre. La empresa ha detectado en El Ju - mil no sólo oro y plata, y la molienda que pretende llevar a cabo incorporará en el ambiente partículas de muchos metales. En muchos de estos casos, no se han encontrado métodos eficaces de diagnóstico precoz que lleven a una intervención fructífera (Vega- Matos, 2007). Esto es de particular relevancia en los casos de cáncer de pulmón por exposición a metales y otras sustancias ligadas a la minería. En el caso de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), se trata, junto al asma, de la patología más frecuente en pacientes con problemas respiratorios. Es cada vez mayor la evidencia de que la inhalación de polvo mi - neral en el medio laboral, y el aledaño a minas de tajo abierto, es un factor de riesgo de EPOC. La irritación crónica que producen las partículas de polvos mine - rales son causantes de bronquitis industrial que com - plica a la neumoconiosis e interviene en la bronquitis crónica con el tiempo (Mejía y cols. 1999). 3. Otras consideraciones de relevancia epidemiológica La minería a cielo abierto es una actividad en extremo venenosa y contaminante, porque dispersa en el aire grandes cantidades de polvo con material particulado, levantado por las explosiones de dinamita realizadas para demoler las rocas en las minas. Es una conse - cuencia de la actividad extractiva que los mineros no pueden ni podrán nunca controlar o manejar. Por ello la MIA en análisis no presenta elemento alguno que descarte ese factor determinante de origen. Los vientos o corrientes aéreas arrastran ese polvo
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=