Número 19
35 microscópico a grandes distancias, deposit ándolo sobre extensas regiones, incluyendo ciudades y pueblos. El polvo extraligero levantado de las minas está formado por partículas que contienen decenas de elementos químicos diferentes. Es de conocimiento básico en geomedicina que si bien algunos de ellos son indispensables para la vida, como el hierro, cal - cio, cloro, magnesio, iodo, selenio, fósforo, potasio, sodio o azufre, otros son venenosos y tóxicos, como el arsénico, cadmio, plomo y mercurio y finalmente tenemos a los temibles radioactivos, como el uranio, el torio y el cesio. En este último sentido, la MIA no contiene cartas de geofísica aérea ni otros elementos que demues - tren la inexistencia de estos elementos tóxicos y/o radioactivos en el área que pretende dinamitar. Los metales radioactivos y tóxicos se distribuyen en la corteza terrestre en una mínima cantidad y con un proceso de decantación natural, que los hace com - patibles con la vida. Pero se convierten en conta - minantes y venenosos cuando aumenta conside - rablemente su concentración y acumulación en los ecosistemas a causa de las emisiones de polvillo mi - croscópico venenoso procedente, en particular, de la minería a tajo abierto (Luna, 2013). Ese efecto con - centrado de gran cantidad de metales tóxicos que súbitamente aparecerán en el municipio de Temixco si se permite la mina y con efectos nocivos previsi - bles en el ecosistema y en la salud humana no son descartados en la MIA. Las partículas invisibles existentes en todo polvi - llo de mina a tajo abierto, por ser muy livianas, son fácilmente arrastradas por los vientos hacia zonas pobladas en los valles y regiones circundantes a las minas, pudiendo alcanzar cientos de kilómetros. Re - cordemos que la ciudad de Cuernavaca dista sólo 12 kilómetros del cerro del Jumil, por no mencionar a todas las comunidades aledañas afectables, como Al - puyeca, Xochitepec, Tetlama, Xochitepec, Cuentepec y Cuernavaca, comunidades que por cierto no fueron convocadas de manera proactiva a esta reunión a pesar de que les compete directamente. Los vientos predominantes, en virtud de su dirección, conducen el polvo mineral en mayor medida hacia determina - das poblaciones. La MIA no presenta en este sentido elementos de información y análisis que descarten su dispersión. Este material particulado o “polvillo”, se deposita en los suelos y en los cursos de agua. No existen ambientes que puedan escapar a la acción contaminante de la minería a cielo abierto. Además de las personas, el polvo mineral que producirá ine - vitablemente la mina, también perjudicará a la fau - na, la flora y a las actividades productivas como la agricultura y la ganadería. El daño potencial que no descarta la MIA alcanza además a las cadenas tró - ficas o alimentarias, con lo cual se incrementan los riesgos para la salud (Luna, 2013). Al iniciarse la explotación minera pretendida, los daños ambientales serán inmediatos, profundos y duraderos. Las poblaciones locales no están lo su - ficientemente informadas sobre los riesgos, por lo que ingerirán agua y respirarán aire contaminados, además de consumir alimentos contaminados por los metales tóxicos que se incorporarán al agua y al suelo en un proceso no descartado por la MIA. Esa contaminación no es de carácter biológico, sino químico y eventualmente radioactivo, pues no está excluida la posibilidad de que en el polvo que emita la explotación de El Jumil no se encuentren partículas de sustancias como torio, uranio o cesio. Estudios geoquímicos y geofísicos han demostrado que todas las minas de tajo abierto, sin excepción, contienen siempre numerosos elementos químicos en diversa proporción, incluyendo los radioactivos. La mina pretendida en El Jumil se identifica como principalmente de oro, pero contiene plata, bismuto, cobre y otros minerales, y todo ello, sin posibilidad técnica de separación, se someterá a molienda en un proceso que no puede controlar la empresa. Los ma - teriales radioactivos, no descartados tampoco en la MIA, constituyen una seria amenaza para la salud de las poblaciones asentadas en regiones próximas a las minas de tajo abierto, ya que tienen una alta acción cancerígena, pues sus isótopos destruyen o alteran
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