Número 19

36 el ADN y por ello el comportamiento celular. Los geólogos y personal directivo de las empre - sas mineras como la Esperanza Silver conocen a la perfección el efecto letal de las partículas del polvillo que levantan las explosiones. El riego intensivo y per - manente mediante camiones-cisterna en los cami- nos dentro y fuera de los cráteres pretendidos y de las áreas de instalaciones se señala en la MIA como medida para disminuir la dispersión del polvo metáli - co, en un proceso que sin embargo no sólo no modi - fica en absoluto el problema central de la emisión de ese polvo, sino que implica además otro rubro más de gasto de agua, gasto ya de por sí considerable de un recurso no abundante. La producción del polvo con particulado es inevi - table y la MIA lo refleja cabalmente. La actual tecno - logía no ofrece otras opciones dada la diseminación de los metales. En la práctica, resulta además imposi - ble reducir la nube de polvo mineralizado que levan - tará la dinamita al estallar. La apresurada extracción de metales que se pretende, requiere demoler el ce - rro del Jumil en una significativa extensión, triturar y pulverizar rocas con urgencia, lo que se consigue con explosivos y cargas de altísima potencia, que ine - vitablemente van a impulsar grandes cantidades de polvo tóxico hacia la atmósfera en un municipio ya conurbado con la capital del estado. Todo este pro- ceso no es descartado en la MIA. El polvillo o material particulado es el principal tóxico producido por la minería a cielo abierto, pero no es el único. El drenaje ácido de las rocas y el cianu - ro también representan amenazas concretas para el medio ambiente. Sin embargo, la discusión en torno a la peligrosidad del cianuro ha sido promovida y usa - da por las empresas mineras en todo el mundo para desviar la atención de la sociedad respecto al principal agente minero contaminante: el polvo mineral en su dispersión aérea, y ello se refleja en la estructuración misma de la MIA, que aborda someramente. La megaminería a tajo abierto que se pretende instalar en el municipio de Temixco es una modali - dad de extractivismo irracional tan brutal en sus pro - cedimientos que únicamente puede desarrollarse si nuestro país, nuestro estado y nuestra sociedad, en forma previa o durante la explotación, son someti - dos a una extraordinaria campaña de desinforma - ción para ocultar o desvirtuar sus dañinos métodos y sus destructivos impactos. La escasa información que llega a trascender es incompleta, tendenciosa y en muchos casos falsa. Por ejemplo, la empresa, al referirse al “material” que posee el yacimiento de El Jumil, no revela en la MIA la geoquímica, es decir, el detalle y proporción de los elementos químicos. La empresa “Esperanza Silver” sabe el real daño que causará, pero Tetlama y otras comunidades afectables ignoran las implicaciones ambientales y sanitarias nocivas de la mina. A su vez, la MIA en análisis carece de datos hi - dro-meteorológicos a partir de series temporales de aforos de caudales, de cantidades de lluvia, tempe - raturas, etc. durante periodos de 30 años en la re- gión que se pretende explotar. Sin esta información, es imposible determinar con suficiente precisión cuáles serán los impactos que tendrá la explotación pretendida en El Jumil en términos de la dinámica del agua, incluidos el manejo y control de los escu- rrimientos pluviales y tampoco se pueden diseñar obras que permitan realmente minimizar el riesgo de accidentes, por ejemplo al ignorar los niveles de cre - cida de los ríos. La MIA presentada carece de datos hidro-meteorológicos suficientes y para un periodo de tiempo apropiado imprescindibles para descartar efectos nocivos en ese rubro (Zorrilla y cols., 2011) Se ha prometido trabajo a los habitantes de Tet - lama. Pero no se ha informado responsablemente que la mano de obra contratada a su inicio será des - echada, puesto que una vez que arranque la explo - tación de la mina, se requerirá mano de obra mucho más especializada, como operadores de máquinas, ingenieros civiles y geólogos. Estos puestos de traba - jo que son los más seguros, no suelen estar ocupados por gente de las localidades aledañas a las explota - ciones, sino por extranjeros (Zorrilla y cols., 2011). Dada la relevancia sanitaria de la disponibilidad

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