Número 20

27 una cantidad enorme de agua. Por eso, esta activi - dad deja residuos altamente tóxicos en el medio am - biente que, después, repercute en la población. Los municipios chiapanecos donde más conce - siones se otorgaron son Chicomuselo (16), Moto - zintla (diez), Acacoyagua (ocho), Ángel Albino Corzo (seis), Escuintla, Mapastepec, Siltepec y Venustiano Carranza (cuatro en cada uno), Cintalapa y Tapachula (tres), San Juan Chamula, La Concordia, Pichucalco, Pijijiapan, Rayón, Solosuchiapa y Villa Flores (dos en cada uno) y el resto tiene una por ayuntamiento. Emilio Hernández, uno de los delegados de las organizaciones indígenas y campesinas de los 25 mu - nicipios que acudieron al encuentro mencionado, expresa que las empresas mineras han llegado a las tierras chiapanecas también para sembrar la división y la mentira: -Corrompen a presidentes municipales -afir - ma-, autoridades ejidales y funcionarios pú - blicos de los tres niveles del gobierno para obtener los permisos de explotación. Así, ya deforestaron y contaminaron aguas y suelos ocasionando la muerte de animales y la des- aparición de flora y fauna de todo tipo. Sus proyectos mineros son muy agresivos por - que también han afectado viviendas, caminos y la salud misma de la población. El colmo es que una transnacional se instaló en la Reserva de la Biósfera El Triunfo, con el apoyo de las mismas autoridades ambientales estatales y federales. Además, hay eji - dos como La Grecia, San Ramón, Los Arroyos, La Re - vancha, La Lucha, Cuatro Caminos, El Leñadero, Siete Mulas, El Destino y La Mulita en donde las empresas se han apropiado de la región. Originario de Siltepec, donde se extrae el oro, Hernández indica que las transnacionales, para insta - lar sus empresas, prometen a los gobiernos empleo e infraestructura como caminos, escuelas, pavimenta - ción de calles, clínicas de salud y hasta museos. Pero a 12 años de operar en Chiapas nada de eso se ha cumplido. En cambio, los pobladores que no están conformes con la degradación del medio ambiente y la pérdida de sus tradiciones y sus tierras son hos - tigados y hasta reprimidos, ya que los dueños de las mineras solicitan la intervención de la policía y hay casos donde el gobierno ha justificado la militariza - ción de los municipios. -Las mejores tierras -continúa- se encuen - tran dentro de los territorios de los pueblos indígenas, donde hay cuerpos de agua, bio- diversidad, petróleo, minería, culturas an - cestrales, trabajo artesanal… Dentro de esos lugares, nosotros tenemos el derecho del uso, usufructo, control y cuidado de nuestro hábitat y lo que se utiliza se hace de forma moderada para no dañar nuestras tierras. Pero los gobiernos, una vez que ubican la ri - queza a explotar, empiezan a declarar áreas protegidas para despojarnos del lugar. Una vez que lo logran, las pasan a manos de pri - vados y así es como se han instalado las mi - neras extranjeras en Chiapas, mismas que se quedarán aquí durante medio siglo porque el gobierno les dio una concesión por 50 años. Por eso los pueblos originarios habla- mos de que vivimos el despojo de nuestras tierras y una nueva colonización. Junto a Laguna Verde Al Encuentro Chiapaneco en Unidad contra el Mode - lo Extractivo Minero también acudieron represen - tantes de comunidades de otros estados de la Repú - blica para exponer su situación. Este es el caso del proyecto Caballo Blanco, que la empresa canadiense Candymin desarrolla en los municipios de Alto Lu - cero y Actopan, Veracruz. Emilio Chávez, represen - tante de los pobladores afectados, comenta que esa es una mina a cielo abierto para extraer oro, plata y cobre. Pero advierte que el método que empleará la transnacional para extraer los metales (cielo abier - to) ocasiona severos e irreversibles efectos, como

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