Número 20

31 extractoras de petróleo. Ya se han trazado las áreas de paso de la explotación petrolera que viene desde Estados Unidos, pasa por México y se interna en el Petén guatemalte - co. Aún así hemos dado la batalla y en nues - tros pueblos lo que hemos hecho son las consultas comunitarias para declarar terri- torios libres de megaproyectos. Realizamos amparos, recursos de inconstitucionalidad, marchas, plantones, bloqueos, memoriales en todas las provincias. Nuestras autorida - des ancestrales han trabajado la parte legal y política, afirma. Morales expresa que las consultas comunitarias son un derecho de los pueblos y son legítimas por - que se pregunta a la población de todas las edades su opinión sobre determinado problema. De esas vo - ces ha surgido la oposición a los megaproyectos: -Nuestros pueblos rechazan esos atroces pro - yectos -asegura-. Como pueblo maya de Gua - temala exponemos la forma como queremos el desarrollo, más no como las transnaciona - les enfocan su perspectiva para la explota - ción de los recursos naturales. En el consenso comunitario radica el poder de los pueblos. El problema, ahora, es que el gobierno respete las consultas: -Empezamos nuestra consulta -precisa- en 2005. Pero la respuesta del gobierno de Gua- temala es racista. No toma en cuenta nuestra palabra y organización. Reprime las mani - festaciones porque para ellos nosotros nos oponemos al desarrollo del Estado. Somos el retraso. Con ese argumento, realiza per - secuciones judiciales, control de nuestros te- rritorios, infiltra a las organizaciones, manda paramilitares a nuestras comunidades para sembrar miedo. Todo para acallarnos. El 1 de mayo de 2007 el pueblo de Santa Cruz Barillas hizo su consulta: 46 mil de los 60 mil habitan - tes dijeron No a las hidroeléctricas y mineras. Pero llegó la compañía italiana y, sin consenti - miento comunitario, instaló sumaquinaria. Lo que ocurrió fue una represión de campesinos. Esa fue la respuesta del gobierno. Hubo un muerto y encarcelaron a 17 campesinos más. De cómo sepultar un pueblo Dentro de los municipios de Álamos y El Quiriego, al sureste de Sonora, se extiende el territorio del pueblo Guarijío; las condiciones del lugar y la defensa de sus tierras y cultura limitaron la presencia hispana en la región, pero debido al establecimiento de minerales y rutas de comercio, se generó un intenso intercam- bio entre Álamos y Chínipas (Chihuahua); la llegada de nuevos habitante representó el despojo de tierras para los guarijíos. Sin embargo, ellos se quedaron a vivir al lado del Río Mayo y del Arroyo Guajaray, de los cuales se nutren por practicar la pesca. Pero, en breve, esta situación cambiará: los tres niveles de gobierno han proyectado la construcción de la pre- sa Los Pilares y una central eléctrica que impactarán negativamente esta región históricamente habitada por comunidades indígenas, ya que se plantea desde su expulsión del territorio hasta la transformación de la vida tradicional de la población. La decisión está tomada. Se cimentará una presa que contará con una cortina de metal de 600 metros de largo y 165 metros de alto para el control de las aguas y sus posibles crecientes. El gobierno ha dicho que con esa presa habrá un mayor almacenamiento de agua para las crecientes necesidades de desarro- llos agrícolas, industriales y urbanos de las regiones beneficiadas… excepto para los guarijíos; además, se propiciará la generación de energía eléctrica de 77 gigawatts de potencia, mediante la construcción de una central eléctrica que contará con dos unidades generadoras. Así es que el impacto ambiental, social y cultural caerá sobre esa población indígena por - que, de inicio, pretenden reubicarlos provocando la

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