Número 20

34 ganización querellante que lleva años denunciando la violencia y el genocidio de los pueblos indígenas, pero sobre todo, la constancia, serenidad y paciencia de todas las víctimas del conflicto armado, han producido y hecho posible que este juicio se llevara a cabo, cuando muchos de loso responsables directos de las masacres ya están muer - tos o gravemente enfermos y no pueden comparecer o simplemente se han escapado del país . Mientras voy tomando mi avión de vuelta a Madrid me viene a la imagen todas esas mujeres Ixiles, sentadas en las primeras bancas del tribunal y en el suelo, esperando justicia y pienso que cuando eran jóvenes y niñas, y tenían entre 8 y 15 años, fueron violadas, torturadas y vejadas y que ahora tienen entre 45 y 50 años y han tenido que esperar, todo este tiempo, para hacer valer su voz, dar su testimonio y pedir que se haga justicia y se condene , de una vez por todas, a los responsable directos e indirectos del genocidio y del feminicidio y me pongo a pensar lo injusta y arbi - traria que es la vida porque una de esas niñas violadas y torturadas en presencia de sus familiares o la madre de esas niñas, podría ha - ber sido yo o mis hijas y no fue así, porque la vida me deparó nacer en el otro lado de Guatemala, en la Guatemala urbana, del bienes- tar y de la riqueza, en la Guatemala mestiza ladina o de aquella que se considera ” blanca” y que sigue ignorando el sufrimiento de los otros. Si hubiera nacido del otro lado, en la Guatemala profunda, rural e indígena, probablemente estaría sentada allí, junto a esas bellas mujeres, con sus huipiles rojos, con sus caras ajadas por el sufrimiento y el recuerdo del dolor, esperando pacientemente una sentencia que le asegure que, ellas no tuvieron la culpa de nada, que ellas no hicieron nada, que fueron violadas, humilladas y veja - das sin saber por qué y sin culpa alguna y que ahora solo quieren que se haga justicia y que se cuente al mundo la verdad de los hechos, esa no es una verdad absoluta es simplemente la verdad basada en los terribles hechos acaecidos durante ese negro perio- do de nuestra historia. Conforme me voy alejando de mi patria me invade una mezcla de tristeza, rabia y culpabilidad, yo vuelvo a España a mis clases, a mi mundo cómodo y seguro, ellas se quedan sentadas, pacientes, esperando un veredicto justo que les permita sanar sus mentes y sus corazones y que les permita olvidar o al menos recuperar la paz interior y como dicen algunas de ellas, sentirse tranquilas porque por fin se han desahogado, por fin han podido contar su verdad, por fin van a poder descansar e intentar recuperar las riendas de sus vidas truncadas por algo de lo que no tenían culpa alguna.

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