Número 20

36 nes, maestros y autoridades del recinto escolar. Actualmente, por lo menos en Ojo de Agua, las escuelas están cerrando sus puertas, los directores aclaran a padres que no hay problema si niñas y niños no acuden al recinto escolar. Pareciera más grave la delincuencia en San - ta María Chiconautla y Ciudad Cuauhtémoc pues los pobladores de - nuncian, con fotos, la desaparición de más de diez menores de edad, entre 15-17 años. Apenas el miércoles 13 y el jueves 14, la población bloqueó la carreta federal libre México-Pachuca. Exigen a las auto - ridades más seguridad en las escuelas, por temor a que sus hijos(as) sean secuestrados. Gracias a la detención de un delincuente, a punto del linchamiento, la policía liberó a una joven secuestrada. Ante la indiferencia o complacencia de policías, jueces y de quien “imparte justicia”, la población enfurecida, además de ese bloqueo a la carretera federal, lanzó una bomba molotov a una de las unidades policiacas y, según la nota de La jornada (15 de marzo) “sustrajo un fusil AR-15”. Este hostil ambiente ha provocado un au - sentismo elevado en las escuelas, por temor de que sus hijos sean secuestrados. La onda expansiva obligó a la empresa operadora del Mexibus a suspender el servicio de Central de Abastos en Ecatepec, a Ojo de Agua, Tecámac, por los daños causados en las estaciones Las Torres, Benito Juárez y Cuauhtémoc Norte. Ante la ausencia de seguridad, las diversas poblaciones comentan la posible creación de guardias civiles pues, para ellos ha sido clara impotencia del Estado y unos aparatos de seguridad que se muestran apáticos o infiltrados por el llamado crimen organizado. El caso de estas poblaciones mexiquenses expresa algo más que la espiral violenta del “crimen organizado”. Si bien hay un seguimien - to puntual de una “Narcoguerra” en el Estado de México, como lo ejemplifica Proceso (No. 1892, 3 de febrero 2013), las manifestacio - nes de la actual delincuencia evidencian ya una ausencia del llamado Estado de derecho; es decir, una capitulación de sus preceptos como la protección a la ciudadanía. De esto hoy se aprovechan vagos, de - lincuentes comunes, un lumpenaje que ha crecido al amparo de esa delincuencia mayor y que se ha percatado de la ausencia de leyes que los castiguen, de que es momento de actuar ante la ausencia/impo - tencia de un Estado panista priísta o el que sea, que por decenios ha permitido o tolerado la consigna neoliberal “dejar pasar dejar hacer” pero que hoy se le pude revertir; siempre y cuando, la hoy inerme ciu - dadanía, tome en sus manos su propia seguridad, se organice y decida por sus propio destino. El Estado mexicano renunció, desde hace rato, de ser garante de la seguridad ciudadana; a lo que nunca renunciará es a mantener privilegio y monopolio de la violencia.

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