Número 22
16 prestaciones de salud convencionales, agregando este aspecto una inseguridad, incertidumbre y falta de compromiso de parte del Servicio de Salud para dar continuidad a algún proyecto serio de salud y proyectable en el tiempo. De esta forma, la continui - dad y financiamiento de las experiencias quedan a la merced de los gobiernos de turno, lo cual a todas luces constituye una forma de clientelismo político forzado. De esta manera la política de salud intercultural del Estado chileno mantiene a las experiencias de sa - lud, gobernadas por organizaciones mapuche, condi - cionadas por el financiamiento y determinadas por la cantidad de prestaciones de salud biomédicas (o wingka ) que realicen. Es decir, con nuevas estrate - gias el Estado nos mantiene tutelados, nuevamente parcelados y arreduccionados cuales “indios domes- ticados” o “indios buenos”. Estas nuevas estrategias son las que imponen so - lapadamente las políticas de salud multicultural del Estado chileno, en donde los proyectos de las orga- nizaciones mapuche se van diluyendo en sus posibi - lidades de desarrollo, frenando su desarrollo y prio- rizando “cumplir” con acciones de salud biomédicas que les permita un mínimo financiamiento. Esta si - tuación es muy bien graficada por la lamgen Juana Calluil del Centro de Medicina Mapuche Mapuche ñi Lawentuwün quien, en una entrevista realizada por el diario La Nación, señala que se desgastan más en sortear esas trabas que en desarrollar con fuerza la medicina indígena ( La Nación ). Nuevamente “pisamos el palito”, sin duda por la
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