Número 22

17 necesidad de que nuestra gente acceda a un servicio de salud digno, donde el Estado falló; para sostener el mandato que nuestra gente ha entregado a las organizaciones; o tal vez para mantener ese capital simbólico que significa mantener un centro de salud para el territorio gobernado por mapuche, etc. 12 . El Estado neoliberal-multicultural saca provecho de eso y nuevamente nos controla, nos mantiene tutelados y condicionados, adecuando su política de salud a su discurso de respeto a la diversidad y desplegan - do una supuesta “interculturalidad” que no es sino otra forma de dominación y control social en nuestra emergente institucionalidad propia mediante méto - dos más sutiles o etnogubernamentalidad (Boccara), en donde se “domestica a los dominados” con nue - vos dispositivos, esta vez vía la institucionalización de sus prácticas e iniciativas. Este condicionamiento desplegado sobre las experiencias de salud intercultural se sustenta en la única forma de financiamiento que el Ministerio de Salud implementa mediante una tercerización ( outsourcing 13 ), delegando en las organizaciones mapuche las acciones que el Estado no es capaz de cubrir o no le interesa abordar. De esta manera, la única forma en la cual el Ministerio de Salud puede 12  Mientras esto sucede, desde los equipos de salud occi- dentales, con quienes debieran interactuar las experiencias, se asume una visión exotizante y distante. Como señala al respecto Doraliza Millalén de la Asociación Mapuche Newen- tuleaiñ (Hospital de Nueva Imperial), “los que están al lado no nos conocen, así que no es mucho lo que proponen. Nos ven como innecesarios”. En Periódico Mapuche Azkintuwe , diciembre de 2004. 13  E ste concepto es introducido con bastante fuerza durante la dictadura militar y, en lo esencial, trata de una modalidad según la cual una organización ajena a la empresa es contrata- da para hacerse cargo de “parte del negocio” o de un servicio puntual dentro de ella. El concepto externalización o terceri- zación se utiliza comúnmente para referirse a este dispositivo empresarial que cada vez mas los gobiernos neoliberales ha aprehendido. transferir recursos para la pervivencia de las expe - riencias es a través de un decreto con fuerza de ley emanado durante la dictadura militar; me refiero al DFL 36 del año 1980, dictado en pleno proceso de instalación “a la fuerza” del modelo neoliberal y “re - volucionario” (Moulián), instrumento legal de dudo - sa legitimidad que permite tercerizar los servicios de salud en privados. 14 El discurso de la interculturalidad en salud, el supuesto reconocimiento de la diversidad, la refor - ma del sector, ni los casi 20 años de gobierno de la Concertación han bastado para generar instrumen- tos legales adecuados que faciliten el ejercicio real y legítimo de la interculturalidad en salud, que en su expresión política y de derechos no es otra cosa que la posibilidad que como mapuche podamos elegir y producir nuestra respuesta social en salud. El nuevo peligro: el avance del Estado sobre la Medicina Mapuche. Cuando las organizaciones mapuche a cargo de las experiencias señaladas esgrimen al Ministerio de Sa - lud la falta de recursos e imposibilidad de desarro- llarse como tal, se delega la responsabilidad de ese obtuso financiamiento a la limitación del “DFL 36” pinochetista que solamente financia actividades en salud tipificadas y valorizadas por FONASA. Es en ese momento el Estado esgrime de mane- ra oficial el hecho de la “valorización de las presta - ciones interculturales” haciendo referencia a poner un precio institucional en pesos ($) a la atención en salud llevado a cabo por una machi , un lawentuche- fe u otro sanador mapuche, especialmente si esta acción se realiza al interior de un centro asistencial. Esto sugiere hacer un listado de “prestaciones” que el “agente mapuche” realiza y su consecuente valori - zación ($), para que luego, al igual que las prestacio - nes wingka en salud, sean codificadas e informadas al sistema estadístico de salud oficial. 14  Léase para el Ministerio de Salud: Organizaciones Ma- puche.

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