Número 22
20 a la política de salud en nuestro territorio. Tanto y más debemos rechazar, en el discurso y en los he - chos, la manera concreta en la cual los agentes esta- tales se imponen en experiencias de salud como las de Boroa, Nueva. Imperial, Makewe y Pantano. Esta injerencia estatal chilena va por el lado de la buro - cratización de nuestra cultura, así como por su con - dicionamiento a la subsistencia de los modelos de salud creados territorialmente, dejándolos a merced del negociado político chileno, a la lógica neoliberal y a los gobiernos de turno. De seguir la senda actual se seguirá contando el mismo cuento; con los mismos actores. Nuestra res - ponsabilidad histórica seguirá aumentando si no nos autocriticamos y no nos resistimos a dar ese salto al vacío que significa abrazar la “interculturalidad” ofrecida por el Estado chileno y su sistema de salud domesticador de nuestra medicina. Y nosotros, a cambio, seguiremos hipotecando el territorio y nues- tro derecho a la autodeterminación en salud. En lógica de derecho, el único camino que puede detener estas prácticas de absurda “interculturali - dad” a nombre de nuestro pueblo es la apropiación mapuche de los servicios de salud al interior de los territorios y la actuación directa sobre la política de salud atendiendo al derecho internacional y al mis- mo convenio 169 de la OIT. Este último, en los artí - culos 25 y 30, traza lineamientos para que los pue - blos indígenas sean partícipes y partes cooperantes de las decisiones en materia de servicios de salud, administración y prestación de servicios, ateniéndo - se y respetando sus tradiciones y culturas, es decir, rechazando las prácticas de participación funcional y utilitaria ofrecidas hasta ahora por el Estado chi - leno. 15 Es por ello que para finalizar me permito señalar algunas acciones que a mediano plazo se visualizan como necesarias para activar una política de salud con efectiva incidencia indígena y que permitan, entre otros, reforzar las experiencias en salud inter - cultural desde las organizaciones mapuche y en los casos que corresponda, desactivar los procesos de patrimonialización de la salud mapuche de parte de la agencia estatal. Estas acciones propuestas respon- den a planteamientos de organizaciones y referentes mapuche en el tema, asesorías de experiencias en salud intercultural, reflexión y discusión con peñi, la - mgen y colegas con quienes trabajamos la temática, así como la experiencia de trabajo del autor en los territorios de Gulumapu (Chile) y Puelmapu (Argenti - 15 “La participación comunitaria en salud es frecuente- mente promocionada con el propósito de obtener servicios de la comunidad para lograr determinados fines, o para in- crementar los usos de los servicios oficiales de la salud antes que para aumentar el control que tiene la gente, compartien- do el poder o contribuyendo a las colaboraciones en el de- sarrollo de la salud” (Heggenhougen, en Kalinsky & Arrúe, 1996).
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