Número 23

17 co, me lo advirtió el intérprete, que me aseguró des - pués que dicho alcalde contó a los dos indios de su pueblo, el que en años pasados había entrado con un vecino de Taxco, que iba a solicitar tesoros escondi - dos, y que habiendo entrado en el subterráneo, vie - ron a un indio viejo, que se desapareció, y que al mis - mo tiempo comenzó a temblar el cerro, y caer arena en lo interior del subterráneo. Ya con esto procuré suspender mi averiguación, conociendo no lograría el intento de que se me manifestase la boca, una vez que su imaginación estaba ocupada con fantasmas. 30. Aunque suspendí la averiguación, fue con el ánimo de volver al sitio al tiempo que los zacatones y yerbas están secos, (8) 10 que es cuando les ponen fuego, y con esto inquirir la boca o desengañarme de la realidad de obra tan decantada, pues en Cuer - navaca aseguran algunos, que el subterráneo llega hasta el cerro de Chapultepec; (¡patraña ridícula!) otros lo tienen como a paraje encantado; y llega a tal la vulgaridad, que una persona de carácter me dijo, que en el subterráneo se hallan dos estatuas, las que tenían mazos en las manos, con los que impedían la entrada a quienes intentan registrar la excavación. Esto lo profiero, para que se vea lo que hace la falta de crítica, y como a las obras antiguas de magnificen - 10  (8) En 4 de enero de 1784 pasé a registrar a Xochicalco: solicité práctico que me llevase al sitio; pero todos los indios de Tetlama estaban ocupados en la hacienda de Azucares nombrada el Puente; se me dijo que el viejo que me había conducido en 1777 había muerto. Pasé al sitio, registré el edi- ficio, y con dolor vi que lo que ya no ejecutaban los dueños de haciendas de azúcar destruyendo la fábrica para construir hornillas, porque en virtud de haber adoptado los reverbe- ros no necesitan de piedras de Xochicalco, hacían los árboles conocidos por huajes, (especie de Acacia): estos han vegeta- do demasiado en el sitio entre las junturas de las piedras de manera, que la esquina de Noroeste, que era lo mejor que se conservaba, está ya amenazando ruina, y es verosímil que en poco tiempo se desprenda de su verdadera colocación, por- que el árbol que la ha desquiciado, de día en día debe aumen- tar en diámetro. cia en todas partes acompañan errores populares. 31. Al Oriente del cerro de Xochicalco, en el cami - no que llaman alto, que dirige a Miacatlán, se hallaba una grandísima lápida, con la que estaba cubierto un hoyo; en ella estaba esculpida a medio relieve una águila despedazando a un indio. (Lám. 2 fig. 1) En el día no hay más que los restos que dejaron los cante - ros que la despedazaron para llevarla a los trapiches de azúcar; tan solamente entre los pedazos hallé un fragmento, en que se ve una porción de muslo. Hace ocho años que aún existía la lápida, e inquiriendo de su magnitud, me informó quien la vio destrozar, que habían salido doce cargas de piedra de ella; de aquí puede conjeturarse su magnitud: véase la estampa 3. 32. Al ver el hoyo y los restos de la lápida, que son documentos que contestan lo que me habían informado de la piedra, conjeturo que fue labrada para conservar la memoria de alguna acción glo - riosa para la nación mexicana; lo que demuestra el águila despedazando al indio, que es lo mismo que expresar que la nación mexicana venció a otra, sin duda de las del Sur, que tuvieron tan sangrien - tas guerras con los mexicanos. ¿Este sería el mo - tivo de fabricar el Castillo Xochicalco, que en idio - ma mexicano quiere decir casa de flores? ¿O acaso tendría este nombre porque habría algún jardín en la plazuela, o en las inmediaciones? Esto parece in - verosímil, porque no hay agua sino a una grande profundidad: bien es verdad que la benignidad del temperamento hace que en todos los tiempos se hallen allí variedad de hermosísimos árboles y ar - bustos en flor, sin necesidad de riego; pero yo más bien creo que la denominación tiene otro origen. 33. En un mapa geográfico muy antiguo que poseen los indios de Tetlama, en donde se ven los lugares asignados en sus respectivas situaciones, significados por jeroglíficos, dispuesto según su mé - todo, pero que reconocí aumentado en alguna par - te después de la conquista, porque se hallan algunas cruces y voces castellanas: en el sitio de Xochicalco se ven los indios lidiando, armados de macanas y chimales, el uno de ellos tiene a lado escrito Xochi -

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