Número 23

20 obras de arquitectura; pues hallándose el agua a una grande profundidad ¿de qué arbitrio usaron para conducir toda la que necesitaron? Aquí entra bien la cantilena de los que al ver las grandes cosas ejecuta - das por los indios profieren: su multitud (12) 14 sí: sólo la multitud de ellos pudo vencer semejante dificul - tad. ¿Y en esto no se reconoce la legislación de un monarca que comanda a tantos vasallos, y a quien ellos obedecen con sumisión? Pues esto es lo que de - muestra ser una nación civilizada. (13) 15 14  (12) El paradójico conde Buffon y el sueco Bomare, que tratan a la antigua nación mexicana de poco numerosa, de ignorante y poco civilizada, deben mudar de dictamen, pues- to que se les presenta documento que en su patria no pue- den manifestar igual, construido por los galos o germanos. Que los extranjeros hablen de los mexicanos con desprecio es muy notable, porque tienen traducidos a sus idiomas au- tores sinceros que trataron de la magnificencia y policía de los mexicanos. Por hechos que refieren autores del mismo tiempo en que se conquistó México, consta que sólo en el mercado de Tlatilulco se juntaban en cada día más de veinte mil personas, y en el día del grande mercado o feria, que se verificaba de cinco en cinco días, más de cincuenta mil. En estos tiempos, en el mismo sitio, al medio día, a cualquiera hora, apenas por un raro accidente se ve algún viviente atra- vesar aquel espacioso sitio. Así pasa la gloria de este mundo, la capital del reino de Tlatelulco, al presente reputa por un barrio, es un gran despoblado en que no se ven más que cú- mulos de piedras, capillas arruinadas, uno u otro resto de arquitectura muy particular, y muchos abrojos. Nunc seges ubi Troja fuit etc. 15  (13) Por noticias de personas, a cuyo informe se debe dar crédito, aún restan algunos vestigios de cuatro calzadas, que por los cuatro vientos principales se dirigían al castillo o fá- brica de Xochicalco. Si todos los restos de esta magnífica an- tigüedad se registrasen, acaso se hallarían manantiales se- guros que aclarasen más y más la historia antigua de México, y que tendrían que admirar los aplicados a la historia antigua si viesen la copia del mapa antiguo que poseo, en el que se ven varias dinastías o series de los reyes que gobernaron al sur de México: es muy gravoso el publicarlo; pero estoy pron- JOSÉ ANTONIO ALZATE RAMÍREZ Conclusión Hace 236 años se inició la reivindicación de Xochi - calco como un instrumento de conocimiento y de aprecio para los novohispanos aun no siendo suyo. Ese tesón reivindicativo de Alzate sobre Xochicalco lo llevó a asegurar que su construcción se debió a los mexicanos e incluso supuso que Moctezuma se había posado en la cima del denominado “Castillo”. Hoy sabemos por los estudios arqueológicos que ello no fue así y que lo que hoy conocemos todavía como Xochicalco debió haberse edificado y estado en uso entre 400 antes de nuestra era y, 700 después de la misma, fechas que de ninguna manera limitan la ocupación y aprovechamiento de esa inmensa área, pues después de esa última fecha la arqueología con - temporánea ha podido documentar las subsecuen - tes ocupaciones de las partes bajas y cañadas que se extienden hacia el Jumil y otros rumbos y cuya ocu - pación si corresponde a los tiempos de Moctezuma. Espacios y construcciones que deben ser estudiados y preservados, por ello hay que decir no a la minera esperanza Silver, en la inmediaciones de la hoy deno - minada zona arqueológica de Xochicalco. Larga es la historia de las apreciaciones e inter - pretaciones sobre Xochicalco; en un próximo núme - ro seguiremos aportando otras visiones que sobre esta zona arqueológica se generaron en el siglo XIX. to a franquear la copia a los sujetos que intenten poseerlas.

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