Número 23
22 necesariamente una perspectiva integral de dicho patrimonio, que hoy ya no es posible abordar ni comprender escindido de su dimensión biológica: los procesos civilizatorios tienen un sustrato territorial y emergen a partir de realidades ecológicas parti - culares, de tal forma que no existe un “patrimonio cultural” aislado sino, de manera sistémica, un patri- monio biocultural vinculado estrechamente y a per - manencia con la vida. Ahora bien, ante diversas iniciativas energéti - cas y extractivas que actualmente están generando afectaciones socio-ambientales severas en todo el planeta, se impone la necesidad de aproximaciones no atomizadas que partan de la ya amplia revisión crí - tica del concepto del “desarrollo”, el cual es a menu - do invocado como eje argumentativo para justificar proyectos que se encuentran lejanos a la naturaleza “sustentable” con que se les publicita y presenta. La invocación mecánica del “desarrollo” y su ma - nejo descontextualizado y esquemático ha sido cues - tionado radicalmente, no sólo por sus usos políticos, sino por sus connotaciones conceptuales contradicto- rias (Latouche, 2009a y b); ello se agudiza cuando se le presenta al margen de la realidad biocultural que sustenta los procesos civilizatorios. Incorporado como eje de políticas públicas y de intervención impulsadas por el gobierno estadounidense en los años inmedia - tamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el concepto de desarrollo tiene implicaciones que han sido ya ampliamente problematizadas por su compo - nente intrínseco, basado en la idea de un aporte siem- pre ilimitado de recursos. La lógica de ese desarrollo, que ubica como ”externalidades” inevitables los di - versos efectos pretendidamente soslayables de afec - tación biocultural, hace imprescindible una profunda reflexión sobre sus implicaciones y alcances, dados los elementos de contradicción que el concepto de “de - sarrollo” encierra hoy respecto al referente del Bien Común que aun preside teóricamente el ejercicio y el sentido de las instituciones públicas. La defensa del patrimonio biocultural requiere hacer operativa una reconceptualización que ha de - rivado en las actuales propuestas de decrecimiento , las cuales rescatan lógicas viables de bienestar ejem - plificables en aportes de culturas originarias, que, por ejemplo, anteponen la lógica del “vivir bien”, a la del “vivir mejor”, perspectiva ésta última que conlle - va el crecimiento acumulativo sin límites, heredero del viejo ideal máximo del Progreso, un crecimiento acumulativo permanente tan inviable como emble - mático del modelo económico dominante. El “desarrollo” es invocado reiteradamente para re - batir la oposición que suscita entre las poblaciones los proyectos de gran plusvalía que nunca son sometidos a una verdadera consulta popular. La política de las impo - siciones necesita justificaciones, y en ellas el argumento del “desarrollo” es muy preciado. Sin embargo, ¿“desa - rrollo” para quién? Y antes de ello, ¿de qué “desarrollo” se está hablando? ¿no tenemos ya evidencias incontes - tables de los frutos amargos que cierto “desarrollo” nos brinda de manera selectiva y sistemática? La idea de un desarrollo descontextualizado bio - culturalmente, referencial sin embargo para el mode - lo exacerbado de acumulación diferencial de capital que caracteriza a la economía actual, se encuentra en la raíz de la reducción del mundo a la mera calidad de fuente de recursos y también en el origen de la co - mercialización a ultranza de la cultura como un adita - mento más del mercado. Carlos Marx no se equivocó cuando identificó como rasgo esencial del capitalismo su capacidad para convertir cualquier cosa enmercan - cía. Esta perspectiva no sólo explica la pretensión rei - terada de abordar al patrimonio cultural –y biológico- predominantemente como una cosa vendible, como una mercadería inventariable y privatizable, sino la pretensión de proyectar toda otra perspectiva que difiera de ella como atentatoria al “desarrollo”, sin re - parar en el problema distributivo de esos recursos y de los beneficios de ese desarrollo . Quien en la vida sólo ve meros recursos… acaba siendo un mero recurso. El “desarrollo” que se anuncia no implica proce - sos de redistribución de bienes y de oportunidades: al contrario, en muchos casos documentados, ese “desarrollo” agudiza la exclusión y la desigualdad en
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