Número 57
29 ocupa nuestra vida, mantener nuestros trabajos y nuestro sueldo, que no son poca cosa. No se trata de inmolar el presente por un futuro verdadero, sino de sostener un ejercicio de honestidad per- sonal, afectiva, social e intelectual. Dejar de llevar piedras al castillo de la razón y de la meritocra- cia, y quizá comenzar la construcción de un mundo donde los lazos sociales y el cuidado se reconozcan como importantes . Donde los apegos y los afectos no sean considerados como fuentes de contami- nación de nuestros espíritus racionales. Hacia otras fes Comenzaba el texto aclarando que no se puede no creer en nada. Es falso que podamos ser com- pletamente autónomos en nuestra forma de vi- vir; también es cierto que no basta “saber” una idea para creerla, es decir, no basta tenerla en la cabeza para vivirla. Quise mostrar aquí algunas de las consecuen- cias morales de creer en la razón. Sostengo que por sus consecuencias, es deseable cuestionar que la esencia humana sea ser racional lo cual es, al menos, parcial. El problema de las creencias es que viven fuera de nuestras cabezas y de la academia. Se reproducen en nuestras acciones diarias, sin ne- cesidad de re-pensarlas. Aun así, no todas las creencias son igual de problemáticas. El pro- blema es que ésta en particular, la de creer en la razón, lo es porque jerarquiza la realidad, las opiniones, los conocimientos, las personas y las comunidades que lo creen. Está tan bien acep- tada, tan naturalizada, que tiene legitimada la violencia. En ese sentido, es por la violencia, la discriminación y la exclusión que valdría la pena cuestionar nuestra fe en la razón, en la verdad, en el conocimiento, en la academia, en las notas y en los expertos. Comencé refiriéndome a Ortega y Gasset, quien en ese mismo texto concluye dando algu- nos consejos a los niños españoles, de modo que quisiera aquí hacer una reformulación de esas palabras para la juventud mexicana: 1. No hagan caso de lo que la gente opina. Al decir la gente nos referimos a una muchedumbre que nos rodea, y si ponemos atención, pronto re- pararemos que normalmente esa gente no puede decir por qué cree lo que cree. Busquen crear sus propias ideas, busquen ser personas autónomas. 2. Consecuencia de la anterior. Procuren no contagiarse de opiniones ajenas; esta tarea es im- posible, pero si alguna creencia les hace proble- ma, si tiene consecuencias de violencia, exclu- sión o jerarquización, cuestiónenla. Cuestionen todo lo que puedan, no acepten que el mundo es como se los presenten. 3. Si la mayoría de la gente no piensa sus creen- cias, sabemos entonces que la mayoría comparte ciegamente algunas. Incluso nosotros mismos. Alguien que las ha cuestionado necesariamente choca con las mayorías, y puede que en principio choque con nosotros. No desestimen lo diferente o desconocido, especialmente cuando resulte ex- traño, difícil, insólito o enojoso. 4. En toda lucha de ideas o de sentimientos, cuando vean que de una parte combaten muchos y de otra pocos, sospechen que la razón está en estos últimos. Noblemente auxilien a los que son menos contra los que son más. 4 Agregaría además que no hay ninguna creen- cia, ni idea, desinteresada, neutral u objetiva. In- cluso las más loables lo son por lo que buscan, por lo que promueven o por lo que consiguen. Las valoraciones son siempre morales, sociales. Conviene preguntarnos a quién le interesa cierta idea, a quién le conviene, para qué puede servir, antes de decidir si la compartimos, si la reprodu- cimos o no. Se trata, sobre todo, no de dictar lo que nadie o alguien debe pensar, sino de cuestionar aquellas creencias cuyas consecuencias arrebatan el presen- te de muchos . Nada es simplemente cuestión de lógica: esa una onerosa falacia para ocultar las dimensiones socioculturales del conocimiento. En consecuencia, las decisiones nunca se toman solas: es una falacia naturalista usada como excu- sa para ser irresponsables. 4 Reformulación inspirada en Ortega y Gasset, José. (1940). Ideas y creen- cias. Disponible en: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/ ideas-y-creencias.pdf
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