Número 57
62 embargo, la presencia de los migrantes en las ciudades globales resulta un hecho despreciado y desvalorizado, lo cual se inscribe dentro de la colonialidad que produce como inexistente el su- frimiento y naturaliza el rechazo que los migran- tes centroamericanos padecen. Conclusión Los escenarios adversos que analizamos, donde los centroamericanos huyen de la incertidumbre (origen), en la incertidumbre (tránsito) y hacia la incertidumbre (destino), son estructurados a partir de un circuito migratorio regional. Así pues, las violencias que estudiamos en este éxo- do, forman parte de un horizonte de dominación de largo alcance, donde la deshumanización de ciertos sectores de la sociedad figura y se justi- fica en las bases ideológicas de occidente, que actualiza y reconfigura los escenarios actuales a través de los Estados-Nación, expresando las violencias (re)encubiertas de todos los días, y donde los marcadores raciales, de clase social, de género y de grupo etario son una constante en un mundo desigual que convulsiona ante las cri- sis humanitarias que obligan al desplazamiento masivo de sujetos sociales buscando lo más pri- mario de la humanidad, el poder vivir. En ese sentido, las incertidumbres que se dan cita en estos escenarios, provocan una serie de preguntas sin respuesta inmediata para los mi- grantes, las cuales parecen adherirse en lo que Santos (2011) ha denominado como la incerti- dumbre de la dignidad, misma que sintetiza la tra- vesía migratoria, donde todos los seres humanos aspiran a un trato digno. Sin embargo, en nuestro mundo actual el sufrimiento humano es injusto, está por todos lados y se manifiesta a través del “miedo sin esperanza, donde las incertidumbres descendentes se transforman cada vez más en incertezas abismales, o sea, en destinos injustos para los pobres y sin poder” (Santos, 2011:90). De manera que en el contexto de las cara- vanas migrantes, en los términos de Santos, el miedo parece triunfar sobre la esperanza, ya que el solo hecho de pensar en las fronte- ras del aparente territorio de destino demanda una complejidad abismal, misma que intensifica las incertidumbres y violencias que acechan el tránsito centroamericano. Y justo por ello, aquí cabe cuestionar ¿Estados Unidos sigue siendo el territorio de destino al que esperan llegar? Tal parece que las respuestas son sembradas en un escenario caótico, que pone de manifiesto que el circuito migratorio se completa en cuanto se logra acceder a los Estados Unidos, es decir, in- gresar precisamente al mismo sistema global que los ha construido como externalidades, que los ha expulsado de sus países al impedir y vulnerar a las democracias centroamericanas, convirtien- do dichos territorios en escenarios intervenidos. En ese sentido, las caravanas migrantes, al ha- cerse notar con la intención de traspasar los muros del sistema global, obtuvieron como respuesta, por un lado, un blindaje más allá de las propias fronte- ras estadounidenses, ya que la injerencia en paí- ses como México sirvió para que se instalaran los primeros filtros migratorios y, posteriormente, la militarización de la frontera sur del país. Mientras que, por el otro, en la escena política internacio- nal, comandada por el empresario Donald Trump, tuvo eco la línea hostil y xenófoba que ha acom- pañado a su administración, y donde la principal arma discursiva radica en la criminalización de los migrantes. Ante ello, todo este proceso de domina- ción pone de manifiesto una matriz ideológica que estructura al éxodo centroamericano construido por objetos no existentes, 6 lo que implica una vo- raz actualización de la colonialidad que jerarquiza seres humanos y territorios ya que, desde la mar- ginalidad y el silencio, los países intervenidos en Centroamérica, y especialmente los de su triángu- lo norte, parece que no son capaces de adueñarse su propio futuro. Así, en este contexto lo último que queda es “esperar”, pero dicha palabra implica pensar más allá de su burda definición que alude a la esperanza, por lo que preguntamos ¿esperanza de qué, en que sucederá qué? No lo sabemos, pero sí lo imaginamos y, por lo tanto, “esperar” es ape- nas un destello de luz en la obscuridad. 6 Entiéndase que “hay producción de no existencia siempre que una entidad dada es descalificada y tornada invisible, ininteligible o descartable de un modo irreversible” (Santos, 2005:160).
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