Número 61

63 da de la biodiversidad resulta en ecosistemas más simples en los que la aparición de una infección se hace más probable porque hay menos compe- tencia y regulación cruzada entre especies. Como antecedente, entre 1990 y 2010 se perdió el 10% de los bosques africanos; en África Occidental, una parte considerable de esta deforestación ha sido resultado de la expansión de las plantacio- nes de palma (lo siento, amantes de la Nutella ), aumentando el contacto entre humanos y murcié- lagos frugívoros (y otros animales) principalmen- te en la temporada seca, en la que suelen ocurrir precisamente los brotes de Ébola. 5 No es el único caso. Según el informe de la comisión de la revista médica The Lancet y la Commission on planetary health”. The Lancet , 386(10007): 1973–2028. 5 Ibídem Fundación Rockefeller sobre la salud humana en el Antropoceno 6 , “Se estima que la mitad de los brotes de enfermedades infecciosas emergentes de 1940 a 2005 han sido resultado de cambios en el uso de la tierra para fines humanos, las prác- ticas agrícolas y la producción de alimentos. Las áreas de mayor riesgo de emergencia de infec- ciones zoonóticas son aquellas en las que el cre- cimiento poblacional es alto, en un contexto de disrupción ecológica y sobrelapamiento de po- blaciones humana y silvestres”. En el caso particular de la actual pandemia de Covid, la transmisión zoonótica del virus desde los murciélagos a los pangolines y de éstos a los humanos dentro de un mercado de animales sal- 6 Ibídem. La tala, la minería, la construcción de caminos y la urbanización alteran el equilibrio de los sistemas ecológi- cos y favorecen las zoonosis. Fotografía: Samir Tounsi

RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=