Número 61

64 vajes ha sido ampliamente documentada y di- fundida por los medios . Sin embargo, un aspecto menos comentado es que este brote fue favoreci- do por las laxas leyes de protección ambiental y silvestre de China . No es casualidad que tanto el brote de SARS-CoV-1 de 2003 como éste que nos ocupa ocurrieran en mercados de este tipo, don- de se amontonan animales de decenas de especies distintas provenientes de todo el mundo. La Ley de protección de la vida silvestre de China, que en su artículo 3 designa a “la vida silvestre como recursos propiedad del Estado” y protege “los de- rechos e intereses de individuos y entidades para el desarrollo y la utilización de dichos recursos”, lleva desde los años ochenta primero tolerando, luego estimulando y finalmente encubriendo a una industria creciente, legal e ilegal, de cría y caza de animales salvajes (algunos protegidos) para consumo humano, consumo casi exclusiva- mente limitado a las élites chinas. 7 Así pues, no es casualidad que la mayoría de las enfermedades emergentes hayan surgido en Asia y África , continentes donde la degradación de los espacios silvestres para su uso agrícola y residencial ha sido acelerada durante las últimas décadas y en donde las leyes de protección am- biental y silvestre son más débiles. Sin caer en la idea de que “es la Tierra sacu- diéndose de nosotros”, un amigo me comentó hace poco que a su parecer la pandemia opera como un mecanismo de retroalimentación negati- va del Sistema Tierra sobre la actividad humana, forzándonos a parar. En realidad, todas las trági- cas consecuencias que se proyectan para las déca- das futuras sobre la humanidad como producto de la propia actividad humana, son en sí mecanismos de retroalimentación negativa del Sistema Tierra para volver a llevar a la población y actividad hu- mana a su capacidad de carga sustentable. La “capacidad de carga” de una especie es un concepto acuñado por Darwin para señalar el nú- mero de individuos de una especie que podía tole- 7 Sigal Samuel. “The coronavirus likely came from China’s wet markets. They’re reopening anyway”. Vox. Recuperado el 1 de mayo 2020 de ht- tps://www.vox.com/future-perfect/2020/4/15/21219222/coronavi- rus-china-ban-wet-markets-reopening rar o cargar un ecosistema en base a la disponibi- lidad de recursos y la presencia de depredadores. Posteriormente, el economista Thomas Malthus lo retomaría y aplicaría a poblaciones humanas, si bien la invención de los fertilizantes echó por tie- rra su predicción de una gran hambruna global a finales del siglo XIX. Efectivamente, se podría ar- gumentar que el aumento en la población humana desde la aparición de las sociedades agrícolas es el resultado de la elevación artificial de nuestra ca- pacidad de carga a través del avance tecnológico, principalmente a expensas de la invención de la agricultura y los fertilizantes (que implicaron un aumento enorme en la disponibilidad de recursos alimenticios) y de los progresos en la higiene y la medicina (que han “abolido” en gran medida a nuestros depredadores más mortíferos, los micro- bios). Muchos de estos avances tecnológicos son, sin embargo, insostenibles a largo plazo para el Sistema Tierra, como señala el hecho de que la transformación de ecosistemas naturales en cul- tivos y el influjo de bioquímicos provenientes de los fertilizantes a los cuerpos de agua sean dos de las principales amenazas para la estabilidad del Sistema Tierra 8 . Desde esta perspectiva, pareciera que nuestra historia es una carrera entre nuestra capacidad de carga, por un lado, y nuestro avan- ce tecnológico por el otro, encontrando siempre maneras de extraer recursos donde ya está todo seco, secando más. Aunque solemos pasarlo por alto, el grado al que los cambios en nuestras sociedades son de- terminados o al menos condicionados por cam- bios climáticos es sorprendente, como parece revelar una serie de estudios liderados por el paleoclimatólogo japonés Takeshi Nakatsuka- se . En ellos se logró obtener información increí- blemente precisa sobre los patrones de lluvias durante los últimos 2,600 años en Japón, median- te el estudio de estalagmitas, corales, núcleos de hielo, sedimentos y sobre todo de los anillos de crecimiento de los árboles y su concentración de isótopos de oxígeno. Al comparar esta infor- mación sobre las fluctuaciones de lluvia con los 8 W. Steffen et al. (2015) “Planetary boundaries: Guiding human develo- pment on a changing planet” Science 347, 1259855.

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