Organización de base, independencia, clasismo y combatividad: retos de las organizaciones de trabajadores hoy

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Introducción

Durante los meses de septiembre y octubre de 2016, se llevó a cabo el curso “Contra la precariedad laboral: Herramientas jurídicas y de organización para la defensa de los derechos laborales”, convocado por comité Inter-Sindical, que agrupa a trabajadoras y trabajadores sindicalizados adscritos a distintas instituciones y centros de trabajo en la Ciudad de México.


Fragmento del mural Detroit Industry de Diego Rivera

El objetivo de este curso fue contar con un espacio de debate y análisis respecto a la crítica de las actuales condiciones laborales y profesionales en las que las y los trabajadores de distintos ramos de la producción nos enfrentamos, en el contexto de las reformas laborales, la pauperización del trabajo y la represión intensificada.

Este breve texto contiene lo expresado en la sesión final del curso. La sesión tuvo como la finalidad brindar un cierre al curso y retomar de manera sintética varios aspectos de las primeras sesiones para dar una visión práctica de los presentes retos de las organizaciones sindicales en el contexto actual de la contradicción entre capital y trabajo.  

Durante las primeras sesiones del curso se reconocieron diversos problemas de las organizaciones sindicales, tales como la falta de masividad en los sindicatos e incluso la inexistencia de sindicatos en muchos espacios laborales que anteriormente contaban con organizaciones sólidas. Se mostró que la clase trabajadora en México está en un momento de desventaja en la lucha de clases, puesto que hemos perdido capacidad organizativa, capacidad de negociación en la venta de nuestra fuerza de trabajo (lo que se demuestra en los bajos salarios, falta de prestaciones, seguridad social y estabilidad en el empleo) y unidad e identidad como clase (lo que se expresa en la carencia de una política propia, solidaridad de clase, lineamientos y organización internacional propia que enfrente al capital).

Frente a este panorama, la sesión final tuvo como finalidad mostrar que ninguna de estas dificultades es imposible de remontar, si recobramos algunos principios básicos del movimiento obrero sindical mundial y si los combinamos con algunas herramientas actuales que provienen del derecho, las legislaciones internacionales y nuestra propia historia de lucha local, regional y nacional. Estos principios son organización de base, independencia, clasismo y combatividad. Estos principios son retomados en su mayoría de las resoluciones que Karl Marx y Friedrich Engels platearon al observar el nacimiento de las primeras mutualistas y organizaciones sindicales, en una época en que las condiciones de los trabajadores eran muy desventajosas y la explotación apenas empezaba a tener regulaciones legales que se impusieron de las demandas y organización de la clase trabajadora. Los trabajos de Marx y Engels brindan un perspectiva sobre el importante papel que tienen los sindicatos como regulador del mercado, es decir, como mediadores en la venta de la fuerza de trabajo,  al buscar las mejores salarios y menor jornada laboral, sino como un herramienta política vital en la lucha general de la clase trabajadora por la abolición del trabajo asalariado, esto es, como herramienta decisiva en el derrocamiento del sistema capitalista: “Si los sindicatos son indispensables para la guerra de guerrillas cotidiana entre el capital y el trabajo, son todavía importantes como medio organizado para la abolición del sistema mismo del trabajo asalariado” (Marx, en: Marx y Engels, Tomo 2, 1976: 83).

De forma general, estos son los elementos principales que se desarrollaron en la sesión concluyente de aquel curso.

 

Sí necesitamos sindicatos y
organizaciones de trabajadores

El movimiento obrero sindical ha sufrido un desprestigió de al menos tres décadas. Desprestigio que se debe a diversos factores en la correlación de fuerzas en la lucha de clases internacional, tales como el triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética (URSS), que trajo consigo el abandono de las posiciones clasistas en parte importante del movimiento obrero y el avance de posiciones políticas reformistas. La instalación de estas posiciones en el seno del movimiento obrero implicó la adopción de políticas conciliadoras, reformistas, que perdieron el horizonte histórico del socialismo y apostaron por la gestión del “capitalismo de rostro humano”, el “fin de la lucha de clases” etc. Las organizaciones sindicales aparecieron como formas de organización anticuadas, que no estaban en consonancia o no daban cabida a los nuevos sujetos políticos emergentes.

Por otro lado, los cambios en la organización del trabajo, impulsados por las políticas de la gestión neoliberal del capitalismo, golpearon las formas previas de organización y se difundieron ideas sobre la inutilidad de los sindicatos, dada la nueva morfología del trabajo, pues según estas posiciones con las nuevas tecnologías de la información los trabajadores se han transformado, ya no están concentrados en grandes centros industriales etc. A esto finalmente debemos agregar particularidades del movimiento obrero sindical en México, fuertemente corporativizado y que durante mucho tiempo tuvo que enfrentar una dura persecución y represión, que lo minó de forma importante para finales de la década de 1980 y principios del 1990.

Sin embargo, la situación  y condición de vida objetiva de la clase trabajadora en México muestran que la falta, en general, de organizaciones que defiendan los intereses más básicos de los trabajadores, así como un proyecto propio de sociedad, ha tenido como consecuencia un deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, así como legislaciones fuertemente nocivas para la clase, como la reciente Reforma Laboral, las reformas a las leyes de pensiones del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), así como todas las reformas estructurales, sin que la burguesía haya tenido ningún freno de nuestra parte.

En diversas sesiones de nuestro curso se expuso que en México al menos hay una fuerza laboral de 54.2 millones trabajadores, de los cuales según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 4.2% están desempleados.[2] Empero, escasamente el 10% de esa población económicamente activa (PEA) se encuentra sindicalizada y de ella la mayoría lo está en sindicatos de protección.

Consideramos que para remontar la pésima situación en la que nos encontramos las y los trabajadores hoy en México, es necesario llevar a cabo:

Ejercicio de memoria. Es necesario no olvidar que todos los beneficios que la clase trabajadora alcanzó durante décadas pasadas, lo hizo a través de su lucha decidida y con la mirada de un proyecto de sociedad nueva. Es preciso dejar atrás la visión de que todo lo que hizo el movimiento obrero sindical estuvo equivocado y que los logros de la política de los trabajadores no valieron la pena, como se ha hecho al asumir la propaganda que niega los logros alcanzados desde el planteamiento socialista, denostando, sin un análisis serio de por medio, el proyecto de sociedad de los trabajadores.

Autocrítica. Es igualmente preciso valorar cuáles fueron los factores objetivos que nos condujeron a la poca combatividad de los sindicatos actualmente. Resulta necesario que desde los propios trabajadores se fomenten reflexiones acerca fenómenos como el corporativismo, la represión, pero también corrupción y la adopción de posiciones reformistas y conciliadoras al interior del propio movimiento obrero.


Fuente: http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=3914, en: Verónica Rivas, Socialismo o Barbarie Nº 315, 27/11/2014

Hacer un ejercicio histórico crítico respecto a cuáles fueron los factores que nos condujeron a la situación en que hoy nos encontramos como trabajadores es muy importante para el movimiento obrero sindical, sobre todo si ese ejercicio proviene de las y los trabajadores mismos, como un ejercicio para recobrar nuestra independencia.

Balance de nuestros retos. Otro aspecto importante que debemos retomar los trabajadores, ya que actualmente tenemos que enfrentar nuevas legislaciones y organizar de modo distinto nuestros sindicatos si queremos enfrentar fenómenos como la subcontratación.

Reconstruir el espacio sindical como el propio de los trabajadores.  Hacer el espacio sindical el ámbito natural de debate y organización de las y los trabajadores. Esto implica: formación y opinión política, cultura y recreación, propaganda. Debemos tener presente que, como pudimos ver en el curso, muchas políticas neoliberales se lograron imponer con consenso de franjas importantes de la sociedad, que han adoptado la ideología dominante, sin ningún contrapeso ideológico.

Recuperar la masividad de los sindicatos. Este punto es vital si deseamos repuntar la correlación de fuerzas en la lucha de clases de nuestro país. Es preciso que las organizaciones sindicales luchen por demandas amplias, que de forma inmediata  se propongan mejorar la vida de las y los trabajadores. 

Trascender el economicismo. Combinar la lucha por las reivindicaciones inmediatas con una perspectiva de trasformación social real a largo plazo. Sobre esto Marx escribió en 1864 (Marx, en: Marx y Engels, Tomo 2, 1976: 12):

 

La clase obrera posee ya un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados.

 

Esto son algunos de las tareas que de forma inmediata debemos asumir  para la reorganización, orientación y recuperación de nuestras instancias sindicales.

 

Nuestros principios: organización de base,
independencia, clasismo y combatividad

Crear y fortalecer organizaciones sindicales formadas desde la base, democráticas. Este sencillo lineamiento significa lo siguiente: mientras los medios de producción no sean reapropiados en común por nosotros(as), todas y todos los trabajadores de la fábrica, institución, comercio, dependencia o industria, pueden pertenecer al sindicato. Ningún trabajador(a) debe estar excluido del derecho a pertenecer a la organización sindical. En ese sentido debemos tener claro que el criterio de admisión de nuestras organizaciones no puede ser el mismo que el que aplica el patrón o las legislaciones patronales que continuamente crean distinciones entre los trabajadores, ya sea dándoles niveles y diferencias salariales o fomentando la brecha entre el trabajo manual e intelectual. Nuestras organizaciones deben buscar abolir estas falsas diferencias y hacer predominar nuestra voluntad e interés en la masividad del sindicato. Pues como vimos, líneas arriba, de esta masividad y organización proviene la fuerza trasformadora de la clase y que posteriormente puede abolir la propiedad privada de la empresa capitalista y la contradicción entre trabajo y capital.

Para abonar en ese terreno hay que eliminar de los estatutos de nuestra organización sindical cualquier forma de discriminación, división en el ingreso y la práctica sindical. Hacer compatibles y buscar mecanismos internos del sindicato que salven las imposiciones legales sobre el registro de trabajadores en el sindicato. En el seno de la organización no debe existir distinción alguna entre trabajadores. Lo que nos interesa es que todos los miembros hayan aceptado los propósitos y estatutos del sindicato.

Solamente de esta forma se puede alcanzar una verdadera democracia sindical. Las y los miembros del sindicato quedamos obligados a pugnar por la igualdad entre sí, en los hechos, al crear mecanismos que fomenten y faciliten esa igualdad, por ejemplo, creando instancias de dirección no  jerárquicas, con  la obligación de rendir cuentas y revocables. Hacer efectiva la supeditación de la mayoría a la minoría, procurando que las instancias superiores de dirección sean colectivas: Asamblea general, Congreso, etc.

Este mismo principio estará orientando nuestras alianzas y en la creación de frentes sindicales. Debemos también privilegiar el trabajo de base, las alianzas y frentes deben construirse desde la base y no desde las dirigencias.

 

Clasismo e independencia de política de clase

El clasismo es un principio básico que se sintetiza en la premisa de que nuestros sindicatos tienen que hacer valer la voluntad y defender los intereses de la clase obrera y de las masas explotadas, de forma prioritaria. Hay interpretaciones, que como parte de la denostación del movimiento obrero sindical expresan que esto es sectario. Eludiendo el hecho de que defender de forma prioritaria los intereses 54.2 millones de mexicanos que somos trabajadoras y trabajadores, no es en absoluto sectario, muy por el contario es la posición de mayor humanismo que haya emergido en la historia.

La posición clasista en un primer momento se expresa como la voluntad y la defensa y reivindicación de mejoras para la clase trabajadora en general, salario, prestaciones, empleo estable, entre otras. Sin embargo, debemos reconocer que pocas veces podemos alcanzar estas reivindicaciones, sin avanzar en el plano político, es decir, enfrentando las leyes que la burguesía ha impuesto y que afectan a la totalidad de la clase. En ese sentido la política clasista busca abolir toda ley que limite la voluntad y afecte los intereses de la clase trabajadora y reivindicar las que nos permiten avanzar libremente, favoreciendo así también el plano político, el avance de la visión civilizatoria de la clase trabajadora: el socialismo. Al respecto escribió Marx, sobre la reducción de la jornada laboral en Inglaterra (Marx, en: Marx y Engels, Tomo 2, 1976: 11):

 

Esta lucha por la limitación legal de la jornada de trabajo se hizo aún más furiosa, porque —dejando a un lado la avaricia alarmada— de lo que se trataba era de decidir la gran disputa entre la dominación ciega ejercida por las leyes de la oferta y la demanda, contenido de la Economía política burguesa, y la producción social controlada por la previsión social, contenido de la Economía política de la clase obrera. Por eso, la ley de la jornada de diez horas no fue tan sólo un gran triunfo práctico, fue también el triunfo de un principio; por primera vez la Economía política de la burguesía había sido derrotada en pleno día por la Economía política de la clase obrera.

 

Al posicionar una política clasista franca y abierta, los sindicatos estarán en capacidad de mantener también una Independencia  política de clase. Esto es muy importante porque en la batalla ideología, la clase trabajadora es fuertemente presionada para ceder su independencia política. Diversas organizaciones y partidos políticos de tendencia reformista y socialdemócrata constantemente “invitan” a las organizaciones de trabajadores a apoyar sus programas políticos –o más certeramente a sus candidatos- a cambio de mejoras y reformas a las leyes; sin embargo, los trabajadores continuamente son traicionados por estas organizaciones. Los trabajadores deben mantener su independencia política y no subordinarse e ir a la cola de los intereses de partidos políticos burgueses que no defienden los intereses de los trabajadores (aunque lo aparenten).

Ciertamente, no podemos evitar que haya elementos conservadores, reformistas, etcétera, en nuestros sindicatos, pues la misma masividad del sindicato hace que al interior de la organización sindical haya diferentes posiciones ideologías. Pero, como guía de acción programática el sindicato que se orienta por su política de clase tiene la ventaja de identificar claramente la diferencia entre la causa de sus malestares y los efectos provocados en detrimento de su cohesión y combatividad.

Los intereses políticos de la clase trabajadora sólo pueden coincidir con una organización o partido político que represente idénticamente esos intereses, es decir, con su propia organización y/o partido político. Y aún en esas circunstancias las organizaciones sindicales deben preservar su independencia, su papel de escuela de clase trabajadora y su acción para construir nuevas formas de poder y organización social. Al manifestarse sobre la acción política de la clase obrera Engels expresó: “Pero la política a que tiene que dedicarse es la política obrera; el partido obrero no debe constituirse como un apéndice de cualquier partido burgués, sino como un partido independiente, que tiene su objetivo propio, su política propia” (Engels, en: Marx y Engels, Tomo 2, 1976: 261).

La independencia de clase es uno de los temas más polémicos en los sindicatos en México. Sobre todo porque durante los últimos años ha prevalecido en el sindicalismo una política de conciliación con la burguesía en el poder y constantemente las direcciones sindicales buscar que miembros de partidos electorales les ayuden a resolver sus demandas, sin tener que oponerse con movilización a las leyes que les afectan. La aprobación de la reforma laboral, y las reformas al sistema de pensiones muestran que esa táctica da pésimos resultados a la clase trabajadora en México.

Será necesario que los sindicatos generen formación política y propaganda que haga consciencia sobre la importancia de la independencia de clase.

 

Combatividad

Es un principio que expresa la necesidad de un programa de acción y táctica propia de la clase trabajadora. Además implica estrechar nuestros vínculos de solidaridad. Es preciso recordar que la fuerza de los trabajadores radica en dos elementos: nuestra masividad y nuestra organización. Por esto es necesario apoyar nuestras huelgas, mítines y  concentraciones con presencia efectiva y solidaria. Además es preciso fomentar la combinación de las herramientas legales, de derechos humanos, instancias internaciones, siempre con la movilización. Igualmente, es preciso hacer un trabajo de recuperación de  nuestras armas de luchas más efectivas y de amplio alcance: el paro y la huelga.

Los sindicatos  deben dar respuestas contundentes a la represión: difusión, solidaridad y movilización. Así como de forma general reforzar nuestros lazos de clase con otros sindicatos, federaciones, frentes, uniones internaciones, que promuevan direcciones y acciones conjuntas para la clase trabajadora local, regional, nacional e internacionalmente.

 

Conclusiones

El curso “Contra la precariedad laboral: herramientas jurídicas y de organización para la defensa de los derechos laborales”, cumplió su objetivo de brindar herramientas de lucha a las y los trabajadores que asistimos y que hoy nos encontramos en situación de precariedad laboral y que no contamos con espacios sindicales o bien que en nuestros sindicatos no hay suficiente respaldo para cubrir nuestras necesidades. Son muchos los retos que hoy enfrenta el proletariado en México y una de las conclusiones más importantes del curso fue mostrar que las organizaciones sindicales son necesarias y que debemos reforzarlas y crearlas donde no las haya, si realmente queremos remontar el panorama que oprime y explota a la clase social que somos. La reflexión sobre los principios sindicales aquí expresados es parte importante de las herramientas que podemos recobrar para llevar a cabo esa tarea.

 

Bibliografía

  • MARX, Karl (1976) “Instrucción sobre diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provisional” y “Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1864”, en: Karl Marx y Friedrich Engels, Obras escogidas, Tomo 2, Moscú: Ed. Progreso.
  • ENGELS, Friedrich (1976) “Sobre la acción política de la clase obrera”, en: Karl Marx y Friedrich Engels, Obras escogidas, Tomo 2, Moscú: Ed. Progreso.

 

[1]    Profesora del Sistema Semiescolarizado del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la Ciudad de México y militante del Partido Comunista de México (PCdeM).

[2]    Véase: http://www3.inegi.org.mx/sistemas/temas/default.aspx?s=est&c=25433&t=1